Nuestra sociedad asume que las cosas deben funcionar, y si no es el caso busca a alguien a quien pueda hacer responsable, particularmente si se trata de políticos, que parecen llamados a arreglar todos los problemas cotidianos. Ser responsable es tener la capacidad de responder, se supone que ante algo que hemos podido decidir previamente. No es responsable quien no decide libremente, ya sea porque no actúa con verdadero conocimiento, ya porque sea obligado a hacer algo que no quiere hacer, o ya porque tenga sus facultades mentales enajenadas.
Ser responsable, en pocas palabras, es asumir las consecuencias de nuestras decisiones. Con cierta frecuencia tendemos a pensar que otros son responsables de los problemas que encontramos, y en menos ocasiones se nos ocurre reflexionar sobre qué grado de responsabilidad tenemos nosotros. Hacer tiempo me comentó un amigo que "si no eres parte de la solución, es que eres parte del problema". De algunos problemas somos poca parte, ciertamente, pero de otros -yo diría que de la mayor parte- siempre podemos hacer algo que contribuya, aunque sea livianamente, más a la solución que al problema.
La mayor parte de las personas están de acuerdo con preservar la naturaleza, con reducir nuestro impacto sobre la misma, pero la mayor parte no ven la conexión de esa actitud con lo que hacen todos los días. Ahí entra el concepto de consumo responsable que es, ni más ni menos, dar respuesta de qué hacemos para cumplir nuestras necesidades vitales. Hay muchas maneras de consumir. La más frecuente es la que busca tener más cosas, aunque no esté claro para qué sirvan, o sirvan más bien para poco o por poco tiempo. El consumo responsable -ahora me centraré en su aspecto ambiental- lleva a la práctica esa motivación conservacionista, y procura aplicar los tres principios basicos de la excelencia ambiental: reducir, reutilizar y reciclar, a los que yo añado otras dos "r": restaurar y re-educar. El consumo responsable supone consumir menos, ya sea porque reducirmos nuestras necesidades o porque re-utilizamos lo que de otro modo consideraríamos obsoleto. No nos hace falta tener tres móviles, aunque sean malos, ni tener el último cachivache que haya producido la tecnología: no nos hace más felices y crea mayor tensión en los recursos del planeta. Lo mismo cabe decir de cualquier otra cosa que consumimos, desde la comida hasta la ropa, pasando por el transporte o la diversión.
¿Que requiere ser responsables en nuestro consumo? Dos cosas sencillas, tener la motivación que nos lleve a ejercer nuestro derecho a no consumir o a hacerlo de otra forma, y tener el conocimiento para que esa forma alternativa sea más sostenible ambientalmente. A eso me referiré a continuación.
Decía que ser responsable puede resumirse en ser consciente del impacto que tienen nuestras decisiones. Aplicado a nuestro consumo, ser responsable conlleva darnos cuenta de los efectos que tienen nuestros hábitos de comida, de transporte, de vestido, de diversión y de cualquier otra actividad que nos lleva a comprar cosas. Todo lo que consumimos requiere una cierta cantidad de energía y materias primas, de trabajo e inventiva humana, y todo en consecuencia tiene un impacto ambiental y social. Según sea nuestro consumo, esas repercusiones pueden ser más o menos dañinas sobre el medio y las personas. Habitualmente no somos muy conscientes de esas repercusiones, ya que nos falta información para calificar las cosas que consumimos. Hay algunas excepciones, como los electrodomésticos (que suelen ya tener una etiqueta que identifica su eficiencia energética) o los automóviles (que nos informan del consumo de combustible), pero en otros muchos aún hay bastante por hacer. Para remediar esa carencia, distintas iniciativas intentan informar al consumidor de los productos que consume. Me parece de especial interés la realizada por la organización goodguide (http://www.goodguide.com/) que puntúa más de 250.000 productos vendidos en EE.UU. en función de los aspectos sociales, ambientales y de salud que implica su producción y distribución.
En esta línea desde la cátedra de ética ambiental de la Universidad de Alcalá, estamos intentando promover el etiquetado energético de los productos alimenticios en nuestro país, de tal forma que el consumidor pueda tener información adicional sobre un aspecto relevante de los productos que consumimos. En estos días se celebra una nueva cumbre del tratado de cambio climático de la ONU, que debería comenzar a poner encima compromisos concretos para reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero. Las decisiones deberían ser muy amplias y muy contundentes, dada la gravedad de los impactos que ya tiene, y puede tener mucho más, el calentamiento terrestre. Una de esas medidas es que el consumidor sea consciente de las emisiones que ha generado un producto y que eso le sirva como elemento de juicio para comprarlo o no, o para elegir una alternativa más eficiente energéticamente. El cambio climático no va a modificarse drásticamente porque nuestro consumo sea más responsable, pero me parece muy relevante que cada uno se posicione ante un problema que nos afecta a todos y haga lo que esté en su mano para resolverlo. Además del impacto directo que esas actitudes tienen, también servirá para extender esa preocupación a nuestro entorno y para exigir a nuestros líderes politicos o económicos que vayan en la misma dirección. Esto es, en pocas palabras, un ejemplo de lo que significa ser parte de la solución o ser parte del problema.
Emilio Chuvieco Salinero (20 de noviembre de 2016)
Director de la Cátedra de Ética Ambiental "Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno - Universidad de Alcalá"
viernes, 28 de abril de 2017
miércoles, 19 de abril de 2017
Hacia una gestión positiva de los conflictos socio-ambientales
El pasado 6 de abril tuvimos como invitado en los Seminarios
Sobre Ética Ambiental a Antonio Ruiz Salgado, Doctor en Derecho, especializado
en Derecho Administrativo Ambiental y análisis de políticas públicas
ambientales, quien tiene una gran experiencia en procesos de mediación en
conflictos socioambientales.
La conferencia estuvo dividida en tres bloques principales:
1) concepto de conflicto y conflicto socioambiental, 2) características de los
conflictos socioambientales, 3) gestión positiva de los conflictos.
En el primer bloque el ponente introdujo a los asistentes el
concepto de conflicto, valiéndose de ejemplos recientes de conflictos
socioambientales acontecidos en España. En su opinión, para empezar hay que
diferenciar entre un problema ambiental y un conflicto, dado que el primero no
siempre tiene porqué llevar al segundo, si se sabe gestionar. Sin embargo,
ocurre que todos los conflictos ambientales son a la postre conflictos sociales,
y en una sociedad compleja como la actual, los distintos actores sociales
tienen visiones de los problemas ambientales muy diferentes, a veces
radicalmente opuestas. Estas visiones, en ocasiones están tan arraigadas que se
podrían denominar “creencias”, máxime cuando afectan a valores profundos. Ello
influye de modo determinante en cómo se aborda un problema ambiental que afecta
a distintas partes, pues de cómo se percibe el problema dependen en
gran medida los medios que se consideran más adecuados para su resolución.
Respecto a las características principales de un conflicto
socioambiental, además de ser un tipo particular de conflicto social en el que,
como ya se ha indicado, tienen gran relevancia los valores y creencias, cabe
destacar que suelen afectar a bienes colectivos y generarse en torno a los
recursos (por el acceso a los mismos, por problemas de contaminación/residuos u
otras externalidades). En un conflicto socioambiental, la clave es el contexto del
problema, que admite una pluralidad de perspectivas enorme, y a menudo está
lleno de complejidad e incertidumbre
(sobre el propio problema y la información disponible, sobre las posibles
consecuencias, etc.). La multiplicidad de actores -incluyendo a los poderes
públicos- es otra característica fundamental, teniendo en cuenta además que los
conflictos suelen darse a distintas escalas (intrapersonal, interpersonal,
intragrupal, intergrupal…).
Finalmente, respecto a la gestión positiva de conflictos,
Ruiz Salgado opina que hay que trabajar en el entendimiento del conflicto, pues
en función de cuál sea la visón del mismo que las distintas partes tengan, sus
reacciones ante el mismo serán a su vez contrapuestas. También hay que tener en
cuenta a la otra parte, sus visiones e intereses (algo que parece muy
obvio pero rara vez se da plenamente). Por otro lado, la comunicación entre las
partes es un aspecto esencial en el conflicto, por lo que hay que evitar el
lenguaje agresivo, y siempre que sea posible facilitar el contacto personal, ya
que el mejoramiento y fortalecimiento de las relaciones es crucial. Además de
la mediación, son interesantes los mecanismos de participación y deliberación.
miércoles, 15 de marzo de 2017
Medio ambiente y promoción del desarrollo
La tarde del 14 de marzo participó en el Ciclo de Seminarios Sobre Ética Ambiental María Teresa Martín-Crespo, Jefa del Área de Medioambiente y Cambio Climático de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Ministerio de Asuntos Exteriores y Cooperación), con la conferencia "Medio ambiente y promoción del desarrollo".
La ponente presentó en primer lugar un documento audiovisual en el que se pudo ver cómo realmente las alteraciones climáticas -que en buena parte están siendo ocasionadas por el ser humano- están afectando a algunas de las poblaciones más desfavorecidas del planeta. En su opinión, todas las decisiones que se toman sobre cuestiones ambientales tienen efectos sobre el desarrollo de los pueblos, y viceversa. Todas esas decisiones tienen un componente ético. Y si las decisiones que se toman en los despachos no son acertadas, tarde o temprano, los efectos negativos sobre el medio y la sociedad serán patentes.
Según apuntó Martín-Crespo, estamos avanzando muy poco en la resolución de los problemas ambientales, en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), mientras la situación se agrava y se superan los límites planetarios según el Stockholm Resilience Center. Por otro lado, el informe Stern ya dejaba bien claro que nos resultará mucho más caro -incluso económicamente- no tomar las medidas necesarias a tiempo.
En este sentido, la ponente enfatizó que todas las estrategias para los ODM deben basarse en la conservación ambiental. Expuso algunos ejemplos de cómo, ante eventos meteorológicos catastróficos como tsunamis, áreas que tienen unos ecosistemas mejor conservados (en este caso, manglares), ofrecen una protección mucho mayor para las personas y los recursos económicos, que otras áreas ambientalmente ya degradadas.
Volviendo a cuestiones éticas, Martín-Crespo explicó los conceptos de Responsabilidades Comunes Diferenciadas y Responsabilidad Intergeneracional. El primero se podría resumir en la mayor responsabilidad de los países desarrollados sobre la degradación ambiental, que a su vez ha impedido el desarrollo de otros países más desfavorecidos. En este sentido, según la ponente, los países con mayores emisiones de gases de efecto invernadero deberían tener más responsabilidad en cuanto a financiación de cooperación al desarrollo, refugiados climáticos, etc.
La responsabilidad intergeneracional, por su parte, se refiere al derecho que se les debe reconocer a las generaciones futuras a disfrutar de un medio ambiente en igual o mejor condición del que las generaciones actuales han podido disfrutar. En este punto hay un encendido dilema ético. Pero a su juicio, resulta claro que la degradación ambiental es un problema de equidad: muchos recursos no renovables están a punto de agotarse y otros renovables están tan degradados o contaminados que su utilización cada vez es más cara. Todo ello ocasiona conflictos crecientes, desigualdad, corrupción... Hasta el punto de que muchos defensores de la conservación ambiental son asesinados impunemente en según qué países, tal como ejemplificó con el caso de Berta Cáceres.
Martín-Crespo aprovechó para comentar las acciones que la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo lleva a cabo con objeto de ayudar a paliar todos estos problemas. En resumen, se trata de la promoción de un desarrollo bajo en carbono a la vez que alto en biodiversidad, equidad, inclusión y resiliencia. Resumió en qué consiste el Plan Director de la Cooperación Española, nos habló de los países prioritarios para la AECID, así como las áreas de trabajo más importantes, como por ejemplo el ODM Agua y Saneamiento. A este respecto, un punto a destacar es que, en la política exterior española, el agua se considera como un derecho humano (algo que no todos los países entienden de esta forma).
La ponente resumió otras áreas del trabajo de la AECID, como el trabajo en comunidades rurales, mejoramiento del medio ambiente urbano en ciudades, adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático, instrumentos de cooperación Sur-Sur, proyectos de modelos de desarrollo bajos en carbono, incorporación del sector privado y la RSC en la cooperación al desarrollo, trabajo con ONGs pero también con fondos de inversión, promoción de partenariados entre distintas instituciones que trabajan en proyectos similares a nivel internacional, etc.
Todos estos interesantes temas ofrecieron muchas posibilidades a un interesante debate posterior, en el que se discutió, por ejemplo, cómo actualmente parece que todos los proyectos deben estar relacionados con el cambio climático, y se están olvidando muchos problemas ambientales que son prioritarios (contaminación de agua y suelos, pérdida de biodiversidad, y en general todos los relacionados con los 9 limites del planeta). A su modo de ver, aunque a la vez se trabaje frente al cambio climático, hay que afrontar todos esos otros problemas más acuciantes.
El público asistente intervino en numerosas ocasiones, comentando también cómo a veces los fondos de la cooperación lamentablemente van a parar a manos inadecuadas sin llegar por tanto a disminuir la desigualdad de la población objetivo, o bien se centran en áreas urbanas porque es donde está la mayoría de la población, mientras otras zonas rurales necesitan más la financiación. También se destacó que es importante que las acciones sean más preventivas que resolutivas, algo en lo que la AECID trabaja desde hace tiempo: fortalecimiento institucional y de la gobernabilidad, transferencia de conocimiento, etc., trabajando de forma constante con las regiones objeto de la cooperación, y no sólo cuando hay crisis.
La ponente presentó en primer lugar un documento audiovisual en el que se pudo ver cómo realmente las alteraciones climáticas -que en buena parte están siendo ocasionadas por el ser humano- están afectando a algunas de las poblaciones más desfavorecidas del planeta. En su opinión, todas las decisiones que se toman sobre cuestiones ambientales tienen efectos sobre el desarrollo de los pueblos, y viceversa. Todas esas decisiones tienen un componente ético. Y si las decisiones que se toman en los despachos no son acertadas, tarde o temprano, los efectos negativos sobre el medio y la sociedad serán patentes.
Según apuntó Martín-Crespo, estamos avanzando muy poco en la resolución de los problemas ambientales, en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), mientras la situación se agrava y se superan los límites planetarios según el Stockholm Resilience Center. Por otro lado, el informe Stern ya dejaba bien claro que nos resultará mucho más caro -incluso económicamente- no tomar las medidas necesarias a tiempo.
En este sentido, la ponente enfatizó que todas las estrategias para los ODM deben basarse en la conservación ambiental. Expuso algunos ejemplos de cómo, ante eventos meteorológicos catastróficos como tsunamis, áreas que tienen unos ecosistemas mejor conservados (en este caso, manglares), ofrecen una protección mucho mayor para las personas y los recursos económicos, que otras áreas ambientalmente ya degradadas.
Volviendo a cuestiones éticas, Martín-Crespo explicó los conceptos de Responsabilidades Comunes Diferenciadas y Responsabilidad Intergeneracional. El primero se podría resumir en la mayor responsabilidad de los países desarrollados sobre la degradación ambiental, que a su vez ha impedido el desarrollo de otros países más desfavorecidos. En este sentido, según la ponente, los países con mayores emisiones de gases de efecto invernadero deberían tener más responsabilidad en cuanto a financiación de cooperación al desarrollo, refugiados climáticos, etc.
La responsabilidad intergeneracional, por su parte, se refiere al derecho que se les debe reconocer a las generaciones futuras a disfrutar de un medio ambiente en igual o mejor condición del que las generaciones actuales han podido disfrutar. En este punto hay un encendido dilema ético. Pero a su juicio, resulta claro que la degradación ambiental es un problema de equidad: muchos recursos no renovables están a punto de agotarse y otros renovables están tan degradados o contaminados que su utilización cada vez es más cara. Todo ello ocasiona conflictos crecientes, desigualdad, corrupción... Hasta el punto de que muchos defensores de la conservación ambiental son asesinados impunemente en según qué países, tal como ejemplificó con el caso de Berta Cáceres.
Martín-Crespo aprovechó para comentar las acciones que la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo lleva a cabo con objeto de ayudar a paliar todos estos problemas. En resumen, se trata de la promoción de un desarrollo bajo en carbono a la vez que alto en biodiversidad, equidad, inclusión y resiliencia. Resumió en qué consiste el Plan Director de la Cooperación Española, nos habló de los países prioritarios para la AECID, así como las áreas de trabajo más importantes, como por ejemplo el ODM Agua y Saneamiento. A este respecto, un punto a destacar es que, en la política exterior española, el agua se considera como un derecho humano (algo que no todos los países entienden de esta forma).
La ponente resumió otras áreas del trabajo de la AECID, como el trabajo en comunidades rurales, mejoramiento del medio ambiente urbano en ciudades, adaptación y mitigación de los efectos del cambio climático, instrumentos de cooperación Sur-Sur, proyectos de modelos de desarrollo bajos en carbono, incorporación del sector privado y la RSC en la cooperación al desarrollo, trabajo con ONGs pero también con fondos de inversión, promoción de partenariados entre distintas instituciones que trabajan en proyectos similares a nivel internacional, etc.
Todos estos interesantes temas ofrecieron muchas posibilidades a un interesante debate posterior, en el que se discutió, por ejemplo, cómo actualmente parece que todos los proyectos deben estar relacionados con el cambio climático, y se están olvidando muchos problemas ambientales que son prioritarios (contaminación de agua y suelos, pérdida de biodiversidad, y en general todos los relacionados con los 9 limites del planeta). A su modo de ver, aunque a la vez se trabaje frente al cambio climático, hay que afrontar todos esos otros problemas más acuciantes.El público asistente intervino en numerosas ocasiones, comentando también cómo a veces los fondos de la cooperación lamentablemente van a parar a manos inadecuadas sin llegar por tanto a disminuir la desigualdad de la población objetivo, o bien se centran en áreas urbanas porque es donde está la mayoría de la población, mientras otras zonas rurales necesitan más la financiación. También se destacó que es importante que las acciones sean más preventivas que resolutivas, algo en lo que la AECID trabaja desde hace tiempo: fortalecimiento institucional y de la gobernabilidad, transferencia de conocimiento, etc., trabajando de forma constante con las regiones objeto de la cooperación, y no sólo cuando hay crisis.
miércoles, 8 de febrero de 2017
Ética y responsabilidad en la actividad de las ONG ambientalistas
En la tarde de ayer martes 7 de febrero asistimos a la
conferencia de D. Eduardo De Miguel (Director de la Fundación Global Nature) titulada “Aspectos éticos y de responsabilidad social en los grupos
ecologistas: Fundación Global Nature”. En ella, el ponente repasó en primer
lugar la historia y principales líneas de trabajo de la fundación que dirige,
deteniéndose en aquellos cuestiones que tienen que ver con la ética de una ONG
en todos los niveles.
En su opinión, la ética no es sólo un conjunto de
convicciones o de cuestiones personales, sino también eficiencia en la gestión
de los recursos de que dispone una organización y transparencia en sus acciones
y en su contabilidad. Las decisiones que se deben tomar en una organización que
trabaja en pro del medio ambiente y del desarrollo rural no siempre son
fáciles, y muchas veces se plantean dilemas y contradicciones que tienen que
ver con ciertas dimensiones éticas: con qué empresas u organizaciones se
trabaja, cuáles serán las consecuencias de las acciones de determinados
proyectos, qué fuentes de financiación se pueden utilizar, qué donaciones se
deben aceptar, etc.
De Miguel comentó que a veces da la sensación de que el gran
público ve a las ONG naturalistas como los “garantes” de la ética en lo que a
temas ambientales se refiere. Sin embargo, a su parecer, la ética ambiental
debe estar en el núcleo de trabajo de todas las organizaciones, pertenezcan al
sector al que pertenezcan. Incluso afirmó que sería una buena iniciativa que
desde el mundo académico se colaborase en la propuesta de un código ético
ambiental para los distintos sectores socioeconómicos.
En este sentido, criticó la existencia de ciertas
fundaciones que, en lugar de constituirse como una entidad para generar un bien
público, funcionan como subcontratas para externalizar ciertas actividades que
la empresa que las ha financia no puede hacer directamente; o peor aún, como
entidades que realizan acciones positivas sobre el medio ambiente únicamente
para compensar las acciones negativas que previamente la empresa financiadora
ha realizado.
De ahí que, a su juicio, hace falta reflexionar sobre qué lugar ocupa la ética ambiental en todo esto…, qué valores tenemos cada uno y qué prioridades, y qué valores reconocemos en la naturaleza, en la biodiversidad, que las hagan merecedoras de ser conservadas, independientemente del lucro inmediato que ello pueda o no suponer.
Sobre este punto, indicaba que una dimensión ética
importante también es la solidaridad, respecto al resto de seres vivos y el
medio natural, pero también respecto a las áreas y poblaciones más
desfavorecidas, dentro y fuera de España, donde la acción de asociaciones y
fundaciones es crucial.
Finalmente, De Miguel insistió en la necesidad de un
compromiso ético respecto al medio ambiente en todos los niveles: como
individuos (con un consumo responsable, con el reciclaje y con tantas otras
cosas), como organizaciones (asociaciones, fundaciones y empresas que deben ir
más allá de lo que la ley les exige en materia ambiental) y a nivel de la
administración, incorporando una mayor dimensión ética y una perspectiva más
amplia en las decisiones que se toman respecto a la planificación del
territorio y la gestión ambiental.
miércoles, 21 de diciembre de 2016
La sostenibilidad de las infraestructuras: clave para nuestro desarrollo futuro
El pasado 20 de diciembre tuvimos la ocasión de escuchar a
Cristina Contreras, del Programa Zofnass para Infraestructuras Sostenibles
(Universidad de Harvard), cuya misión es desarrollar y promover métodos,
procesos y herramientas que cuantifiquen la sostenibilidad de proyectos de
construcción de cualquier tipo de infraestructuras. Su objetivo es facilitar soluciones
sostenibles para proyectos y ampliar el conocimiento acerca de lo que debe ser la
infraestructura sostenible.
En primer lugar, la ponente deliberó sobre lo que se
entiende por “infraestructura” y la importancia económica, social y ambiental
que tiene este campo, principalmente en países en desarrollo con una tasa
constructiva acelerada. Destacó que actualmente, de forma general, la
construcción de infraestructuras no es sostenible y que, para tender hacia un
escenario mejor, habría que invertir el doble de capital público a lo largo de
los próximos 15 años.
Desde el Programa Zofnass, a través del Sistema Envision, evalúan
la calidad de proyectos y realizan propuestas para mejorar el grado de
sostenibilidad de los mismos a través de cinco categorías: Calidad de Vida,
Liderazgo, Localización de Recursos, Medio Natural, Clima y Riesgo.
El programa trabaja en estrecha relación con diversas
instituciones internacionales de primer nivel. Desde la Universidad de Harvard
se aporta la parte académica de los estudios y la certificación de la
sostenibilidad de las infraestructuras es llevada a cabo por el Institute For
Sustainable Infraestructure de los Estados Unidos de forma similar a otras
formas de certificación por categorías (bronce, plata, oro y platino), en
función del porcentaje de mejora que el proyecto aporta sobre lo que la normativa
vigente en cada caso exige de forma obligatoria.
La ponente indicó que, en su opinión, se debe trabajar para
que los proyectos de construcción y las infraestructuras estén al servicio de
la gente, y no al revés. En este sentido, es muy importante tener en cuenta no
sólo el impacto ambiental, sino también el social y el económico, así como una
serie de cuestiones estratégicas antes de acometer una obra, de forma que la
población local no se vea afectada de forma negativa.
Por último, presentó la iniciativa Infrastructure 360º, que
premia la sostenibilidad de los proyectos en las cinco categorías mencionadas y
también a nivel global, como forma de incentivar una competencia positiva en
aras de mejorar. En esta iniciativa también se analizan los factores que pueden
influir en la mayor o menor sostenibilidad de los proyectos: presupuesto
aportado, fuentes de financiación, nivel de desarrollo humano (HDI Index) de la
zona donde se ejecuta, etc.
lunes, 17 de octubre de 2016
PRESENTACIÓN DE LA GUÍA DE BUENAS PRÁCTICAS PARA PARROQUIAS
El pasado viernes 14 de octubre se presentó el libro: "Siguiendo la Laudato si’: Sugerencias para la conversión ecológica de las parroquias católicas", preparado en el marco de la actividad de la cátedra. En el acto intervinieron el párroco D. José Aurelio Martín Jiménez (Iglesia parroquial de la Concepción de Nuestra Señora), Dña. María Ángeles Martín (Universidad Rey Juan Carlos), D. Juan de Dios Larrú (Universidad Eclesiástica San Dámaso) y D. Emilio Chuvieco director de la cátedra de ética ambiental.
Se trata de una aportación a la tarea de conversión ecológica que nos proponía el papa Francisco en su encíclica Laudato si', publicada el pasado año. Para el Papa, "La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (n. 111).
Hay muchos ámbitos donde puede ponerse en práctica esa mirada distinta, pero para los católicos uno muy singular es el de las parroquias, donde la mayor parte de los católicos se reúnen y reciben los sacramentos y la instrucción religiosa.
El texto presentado el pasado viernes pretende sugerir ideas para concretar esa nueva toma de conciencia sobre los problemas ambientales, enmarcándolos en un redescubrimiento de la Teología de la Creación, tan propia del cristianismo. Presenta el marco teológico de la conversión ecológica, algunas sugerencias sobre actividades parroquiales que pueden ayudar a redescubrir el valor espiritual de la naturaleza, y una guía de buenas prácticas ambientales, que puede ayudar a los párrocos a buscar una mayor excelencia ambiental en la gestión del edificio o de sus actividades.
En este trabajo se comentan algunas medidas de eficiencia energética, que pueden facilitar una generación o uso más ambiental de la energía, en la iluminación o la climatización de los templos. Se revisan otras medidas en la gestión del agua, de los consumibles, los materiales de construcción, los jardines o el tratamiento de los residuos. Así mismo, se anima a las comunidades parroquiales a que se proponen metas concretas que ayuden al ahorro energético, al mayor uso de las energías renovables o de productos con certificación ecológica. Las parroquias son signos visibles del espíritu cristiano, y deberían ser pioneras en una consideración más local de los problemas ambientales, que pueden contribuir a aliviar, además de reforzar las motivaciones morales que nos permitan relacionarnos más amablemente con la naturaleza. Como indica la encíclica:
“Todas las comunidades cristianas tienen un rol importante que cumplir en esta educación. Espero también que en nuestros seminarios y casas religiosas de formación se eduque para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente” (Laudato si, n. 214).
Noticias en prensa:
http://www.religionconfidencial.com/catolicos/Editan-medioambientales-conversion-ecologica-parroquias_0_2801719819.html
Se trata de una aportación a la tarea de conversión ecológica que nos proponía el papa Francisco en su encíclica Laudato si', publicada el pasado año. Para el Papa, "La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático” (n. 111).
Hay muchos ámbitos donde puede ponerse en práctica esa mirada distinta, pero para los católicos uno muy singular es el de las parroquias, donde la mayor parte de los católicos se reúnen y reciben los sacramentos y la instrucción religiosa.
El texto presentado el pasado viernes pretende sugerir ideas para concretar esa nueva toma de conciencia sobre los problemas ambientales, enmarcándolos en un redescubrimiento de la Teología de la Creación, tan propia del cristianismo. Presenta el marco teológico de la conversión ecológica, algunas sugerencias sobre actividades parroquiales que pueden ayudar a redescubrir el valor espiritual de la naturaleza, y una guía de buenas prácticas ambientales, que puede ayudar a los párrocos a buscar una mayor excelencia ambiental en la gestión del edificio o de sus actividades.
En este trabajo se comentan algunas medidas de eficiencia energética, que pueden facilitar una generación o uso más ambiental de la energía, en la iluminación o la climatización de los templos. Se revisan otras medidas en la gestión del agua, de los consumibles, los materiales de construcción, los jardines o el tratamiento de los residuos. Así mismo, se anima a las comunidades parroquiales a que se proponen metas concretas que ayuden al ahorro energético, al mayor uso de las energías renovables o de productos con certificación ecológica. Las parroquias son signos visibles del espíritu cristiano, y deberían ser pioneras en una consideración más local de los problemas ambientales, que pueden contribuir a aliviar, además de reforzar las motivaciones morales que nos permitan relacionarnos más amablemente con la naturaleza. Como indica la encíclica:
“Todas las comunidades cristianas tienen un rol importante que cumplir en esta educación. Espero también que en nuestros seminarios y casas religiosas de formación se eduque para una austeridad responsable, para la contemplación agradecida del mundo, para el cuidado de la fragilidad de los pobres y del ambiente” (Laudato si, n. 214).
Noticias en prensa:
http://www.religionconfidencial.com/catolicos/Editan-medioambientales-conversion-ecologica-parroquias_0_2801719819.html
miércoles, 27 de julio de 2016
RESUMEN DEL CURSO DE VERANO 2016 “VALORES AMBIENTALES. FUNDAMENTOS Y CONSECUENCIAS”
Entre los días 18 y 20 de julio tuvo lugar el cuarto curso de verano organizado por la Cátedra de Ética Ambiental “Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno - Universidad de Alcalá”, que en esta ocasión se celebró en el Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM), situado en la localidad segoviana de Valsaín.
El seminario llevaba por título “Valores ambientales. Fundamentos y consecuencias”, resumiendo los dos bloques temáticos principales que iban a ser tratados: un primer bloque teórico sobre los fundamentos filosóficos y teológicos de la conservación ambiental, y un segundo bloque más práctico, con ponencias que incluían experiencias reales de conservación ambiental y búsqueda de la sostenibilidad en distintos sectores socioeconómicos. Así mismo, continuamos con el trabajo de casos prácticos sobre ética ambiental, actividad que ya se ha desarrollado en ediciones anteriores del curso y también de la asignatura Ética Ambiental, que se imparte desde esta cátedra en la Universidad de Alcalá.
El curso estaba dirigido tanto a estudiantes de grado y postgrado interesados en cuestiones ambientales, como a profesionales del sector, y contó con hasta 32 alumnos de diversas disciplinas (Biología, Filosofía, Ciencias Ambientales, Ingeniería, Geografía, Historia del Arte, Pedagogía…), así como con profesionales de otras ramas (como Arquitectura y Derecho) y algunos oyentes del Ministerio de Medio Ambiente.
La inauguración del curso corrió a cargo del director de la cátedra, D. Emilio Chuvieco, quien presentó a los asistentes las principales líneas de trabajo que se han desarrollado en los últimos años desde esta institución. Posteriormente, el profesor Chuvieco impartió la primera ponencia del seminario, titulada “Ética Ambiental. Razones para la conservación de la naturaleza”, en la que en primer lugar planteó la cuestión de la conservación de la naturaleza en nuestros días, cuando parece que “lo ecológico” está aceptado por todos. Sin embargo, como muestran los datos de algunos estudios (entre los cuales se incluyen los realizados por esta cátedra), las manifestaciones de conocimiento sobre los problemas ambientales no suelen traducirse posteriormente actitudes prácticas hacia la conservación ambiental. A continuación, el ponente reflexionó sobre qué se entiende realmente por naturaleza hoy en día y qué es lo que verdaderamente hay que conservar, planteando a continuación la pregunta del “porqué” y qué actitudes se deben derivar de ello. Finalmente, el profesor Chuvieco realizó una presentación de los casos prácticos que serían estudiados por los alumnos y la metodología de trabajo recomendada.
Tras el descanso del café tuvo lugar la sesión “Tradiciones espirituales y conservación ambiental”, conducida por el Dr. Josep Maria Mallarach (Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza/Asociación Silene). En ella, el ponente llevó a cabo un repaso general de las principales tradiciones espirituales de la humanidad, tanto orales como escritas (Indigenismo, Hinduismo, Budismo, Cristianismo, Islamismo), deteniéndose en las respuestas que dichas tradiciones pueden aportar a los retos actuales de conservación ambiental a los que nos enfrentamos.
Al día siguiente retomamos las ponencias con la sesión titulada “Ética y cumplimiento: la gestión de la responsabilidad ecológica en la industria”, a cargo del Catedrático de Ética de la Universitat Jaume I, Domingo García Marzá. El ponente comenzó explicando algunas nociones básicas sobre ética y ética aplicada, destacando sus potencialidades de cara a la conservación ambiental en distintas dimensiones. Seguidamente se centró en cómo las empresas pueden incorporar una gestión ética que redunde en una actividad productiva más respetuosa ambientalmente, y explicó distintos casos reales en los que su equipo ha trabajado en los últimos años.
En este sentido, destacó que dicha incorporación ética debe ir más allá de la RSC, superando el mero "maquillaje ambiental". Así, al margen de las propias memorias de RSC, Marzá propuso la incorporación de algunas herramientas que pueden contribuir a que la actividad de la empresa sea más ética ambientalmente, como por ejemplo: Códigos Éticos, Comisiones de Ética (con miembros externos a la empresa, como ONG y asociaciones de vecinos), Líneas de Consultas y Denuncias (que son anónimas y tienden a recoger avisos sobre incumplimientos o vulneración de normas ambientales), además de Auditorías Éticas.
La segunda sesión de la mañana llevaba por título “Buenas prácticas ambientales en la actividad agropecuaria” y fue conducida por D. Alberto Navarro (Asturias Sostenible). El ponente comenzó realizando una rápida revisión global de la situación ambiental, con énfasis en la importancia que las actividades agropecuarias tienen en la conservación ambiental y lucha contra el cambio climático (tanto sus puntos positivos como los impactos que pueden provocar si no se realiza una adecuada gestión de las mismas). En esta línea, destacó las amenazas que sufre el sector agropecuario, como por ejemplo la homogeneización, pérdida de variedades de cultivos, etc. A continuación presentó la organización “Asturias Sostenible”, que él mismo coordina, explicándonos los motivos de su creación y sus principales fines, entre los que cabe destacar: la lucha contra el despoblamiento rural, el desprestigio sector primario y la falta de relevo generacional, la falta de asociacionismo y coordinación en el sector, la pérdida identitario-cultural y la pérdida de agrobiodiversidad. Así, Navarro explicó de forma detallada cómo la consecución de estos fines redunda en una mejor conservación ambiental del medio rural.
En segundo lugar, destacaron que no sólo la alimentación puede ser ética y responsable, sino también otras formas de consumo, en telecomunicaciones, banca, energía, ropa, medios de comunicación y multitud de servicios. En definitiva, nuestro consumo en casi cualquier aspecto, realizado de forma responsable, puede contribuir a la conservación ambiental.
El último día del curso comenzó con la ponencia “Sistemas de transparencia ecológica: cálculo de la huella de carbono y otras huellas”, impartida por Dña. Elena Pellón de la consultora Solid Forest S.L. En primer lugar, la ponente repasó conceptos como el “Análisis del ciclo de vida” (definición, tipos de análisis, pasos a seguir y su evaluación), para centrarse posteriormente en el estudio y análisis de la “huella ambiental”, la “huella de carbono” y la “huella hídrica”. Así mismo, explicó en qué consisten y cómo se miden otro tipo de indicadores muy conocidos, como la “huella ecológica”. Pellón destacó las ventajas de la utilización de este tipo de medidas para favorecer un cambio de hábitos y actitudes hacia la conservación ambiental.
Seguidamente, D. Federico Velázquez de Castro (presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental) impartió la última ponencia del curso, titulada “Educación y ética ambiental”. En ella, el ponente llevó a cabo una síntesis de los principales problemas ambientales tratados en el curso, así como las causas que nos han llevado hasta ellos, para posteriormente realizar una serie de propuestas de cara a revertirlos. En este sentido, manifestó que la educación ambiental no es un capricho, sino una verdadera necesidad en el contexto de crisis ambiental de nuestros días.
Velázquez de Castro puso de relieve tres bloques principales en los que debe residir la actuación que nos lleve a un mayor cuidado de nuestro entorno: el institucional, el social y el personal. Incidió en que la gestión pública institucional es indispensable, pero a ella hay que sumar la dimensión comunitaria y, sobre todo, la dimensión personal. El cambio empieza en el individuo y luego debe trasladarse a las demás dimensiones. Destacó que a veces nos dejamos llevar por modas de consumismo sin sentido y que el individuo debe ser lo suficientemente fuerte para decir NO, y negarse a participar de aquello que es lesivo para la vida y para el medio ambiente. Recordó que es necesaria una mayor participación pública y que la sociedad civil tenga una posición crítica. En esta línea, indicó que la Educación Ambiental tiene esta vocación transformadora de hábitos y actitudes, pero sin dejar de lado los valores, que parecen ser los grandes olvidados de nuestra sociedad. Por ello, resaltó que la ética es hoy más necesaria que nunca.
El seminario llevaba por título “Valores ambientales. Fundamentos y consecuencias”, resumiendo los dos bloques temáticos principales que iban a ser tratados: un primer bloque teórico sobre los fundamentos filosóficos y teológicos de la conservación ambiental, y un segundo bloque más práctico, con ponencias que incluían experiencias reales de conservación ambiental y búsqueda de la sostenibilidad en distintos sectores socioeconómicos. Así mismo, continuamos con el trabajo de casos prácticos sobre ética ambiental, actividad que ya se ha desarrollado en ediciones anteriores del curso y también de la asignatura Ética Ambiental, que se imparte desde esta cátedra en la Universidad de Alcalá.
El curso estaba dirigido tanto a estudiantes de grado y postgrado interesados en cuestiones ambientales, como a profesionales del sector, y contó con hasta 32 alumnos de diversas disciplinas (Biología, Filosofía, Ciencias Ambientales, Ingeniería, Geografía, Historia del Arte, Pedagogía…), así como con profesionales de otras ramas (como Arquitectura y Derecho) y algunos oyentes del Ministerio de Medio Ambiente.
LUNES, 18 DE JULIO DE 2016
La segunda sesión del curso llevó por título “Filosofías para el cuidado y preservación de la naturaleza”, y fue conducida por la profesora Carmen Velayos (Universidad de Salamanca). En ella, la ponente analizó la crisis ambiental de las últimas décadas como problema moral, y repasó los principales fundamentos filosóficos relacionados con la conservación de la naturaleza, haciendo hincapié en las nociones de “seguridad” y “cuidado”, proponiendo una conciliación entre las mismas y una actitud de “sobriedad voluntaria” (entendida ésta como reducción del consumo, reutilización, reparación y gobernanza).
Tras el descanso del café tuvo lugar la sesión “Tradiciones espirituales y conservación ambiental”, conducida por el Dr. Josep Maria Mallarach (Unión Internacional de la Conservación de la Naturaleza/Asociación Silene). En ella, el ponente llevó a cabo un repaso general de las principales tradiciones espirituales de la humanidad, tanto orales como escritas (Indigenismo, Hinduismo, Budismo, Cristianismo, Islamismo), deteniéndose en las respuestas que dichas tradiciones pueden aportar a los retos actuales de conservación ambiental a los que nos enfrentamos.
Mallarach destacó las enseñanzas comunes que todas ellas recogen y cuyos preceptos pueden ser de utilidad en la lucha contra la degradación ambiental y el cambio climático, concluyendo que es indispensable una cooperación entre todas las religiones y la ciencia para afrontar el desafío ambiental.
Posteriormente tuvo lugar una sesión de trabajo libre sobre casos prácticos, en la que los alumnos se dividieron en distintos grupos y comenzaron a trabajar en el caso que se les había asignado.
Por la noche tuvo lugar una sesión nocturna de experiencias vivenciales, en la que D. Josep Maria Mallarach nos explicó las características de la vida de los denominados “custodios de la creación”, como por ejemplo los monjes ortodoxos del Monte Athos en Grecia. En este lugar, al igual que en muchos otros gestionados por custodios de distintas tradiciones religiosas, se alcanzan valores de conservación ambiental inmejorables. Así mismo, Mallarach narró sus vivencias con algunas tribus de Norteamérica y nos introdujo en los ritos y plegarias que sus integrantes practican para la conservación de la naturaleza.
MARTES, 19 de julio 2016
Al día siguiente retomamos las ponencias con la sesión titulada “Ética y cumplimiento: la gestión de la responsabilidad ecológica en la industria”, a cargo del Catedrático de Ética de la Universitat Jaume I, Domingo García Marzá. El ponente comenzó explicando algunas nociones básicas sobre ética y ética aplicada, destacando sus potencialidades de cara a la conservación ambiental en distintas dimensiones. Seguidamente se centró en cómo las empresas pueden incorporar una gestión ética que redunde en una actividad productiva más respetuosa ambientalmente, y explicó distintos casos reales en los que su equipo ha trabajado en los últimos años.
En este sentido, destacó que dicha incorporación ética debe ir más allá de la RSC, superando el mero "maquillaje ambiental". Así, al margen de las propias memorias de RSC, Marzá propuso la incorporación de algunas herramientas que pueden contribuir a que la actividad de la empresa sea más ética ambientalmente, como por ejemplo: Códigos Éticos, Comisiones de Ética (con miembros externos a la empresa, como ONG y asociaciones de vecinos), Líneas de Consultas y Denuncias (que son anónimas y tienden a recoger avisos sobre incumplimientos o vulneración de normas ambientales), además de Auditorías Éticas.
La segunda sesión de la mañana llevaba por título “Buenas prácticas ambientales en la actividad agropecuaria” y fue conducida por D. Alberto Navarro (Asturias Sostenible). El ponente comenzó realizando una rápida revisión global de la situación ambiental, con énfasis en la importancia que las actividades agropecuarias tienen en la conservación ambiental y lucha contra el cambio climático (tanto sus puntos positivos como los impactos que pueden provocar si no se realiza una adecuada gestión de las mismas). En esta línea, destacó las amenazas que sufre el sector agropecuario, como por ejemplo la homogeneización, pérdida de variedades de cultivos, etc. A continuación presentó la organización “Asturias Sostenible”, que él mismo coordina, explicándonos los motivos de su creación y sus principales fines, entre los que cabe destacar: la lucha contra el despoblamiento rural, el desprestigio sector primario y la falta de relevo generacional, la falta de asociacionismo y coordinación en el sector, la pérdida identitario-cultural y la pérdida de agrobiodiversidad. Así, Navarro explicó de forma detallada cómo la consecución de estos fines redunda en una mejor conservación ambiental del medio rural.
La siguiente sesión, titulada “Consumo responsable” estuvo conducida por Iñaki Gómez y Alberto Cruz, de las cooperativas Heliconia y Verdeo. Primeramente, los ponentes repasaron los conceptos de “comercio justo”, “agricultura ecológica”, “Kilómetro 0” y “canal corto de comercialización” entre otros, y explicaron los criterios que deben seguirse para la creación de un grupo de consumo responsable, algo que todos podemos hacer en nuestra ciudad, pueblo o barrio: la sostenibilidad ambiental del producto (cercanía, certificación ecológica, compra a productores certificados en entornos degradados, a mercados de custodia del territorio, denominaciones de origen, etc.); la sostenibilidad social (cooperativas, empresas familiares, relación directa con productores, canales de producción más justos y participativos, etc.); sin renunciar a la búsqueda de calidad organoléptica, nutricional y sanitaria del producto, que normalmente en estos canales suele ser muy alta. Los ponentes dirigieron una breve sesión práctica en la que los alumnos discutieron por parejas los criterios de creación de su grupo de consumo.
En segundo lugar, destacaron que no sólo la alimentación puede ser ética y responsable, sino también otras formas de consumo, en telecomunicaciones, banca, energía, ropa, medios de comunicación y multitud de servicios. En definitiva, nuestro consumo en casi cualquier aspecto, realizado de forma responsable, puede contribuir a la conservación ambiental.
Finalmente, los ponentes explicaron con más detalle el mercado de la Custodia del Territorio (CdT) en nuestro país, comenzando por las características de la CdT como modo de gestión del territorio, y sus potencialidades de cara a la conservación ambiental, presentando algunos ejemplos, como la marca registrada de “Custodia Agraria”.
Las sesiones de la tarde comenzaron con la ponencia “Ética ambiental en la administración pública”, a cargo del profesor D. Juan De la Riva (Universidad de Zaragoza). En ella, tras una síntesis de las causas de la problemática ambiental, el ponente tomó como ejemplo los Montes de Valsaín para mostrar cómo la evolución de las distintas visiones en la gestión pública (en este caso, la gestión forestal) ha afectado decisivamente a la conservación ambiental. En este sentido, presentó nuevos métodos que actualmente se están utilizando para alcanzar una gestión sostenible de los bosques. En segundo lugar, el profesor De la Riva reflexionó sobre el tipo de ética que debe aplicarse en la gestión pública en nuestros días, considerando que los problemas ambientales no se pueden solucionar exclusivamente con medidas científico-técnicas.
Por último, el ponente presentó un caso real de mediación y participación pública en un conflicto social: el PORN del Parque Natural de los Valles Occidentales del Pirineo Aragonés, y explicó los orígenes y fines del Consejo de Protección de la Naturaleza de Aragón, un órgano colegiado, consultivo y de participación en materia de protección de la naturaleza y de utilización racional de sus recursos.
La siguiente sesión de la tarde fue conducida por Dña. Gala Fombella (Green Building Council España), y llevó por título “Medir, evaluar y certificar la sostenibilidad en la edificación”. La ponente destacó, entre los distintos desafíos ambientales a los que nos enfrentamos, el de garantizar la habitabilidad sostenible para las personas, ante las predicciones de crecimiento de la población que estiman un mínimo de 10.000 millones de habitantes para finales del siglo XXI. Pero algo no menos importante es que el crecimiento ocurrirá mayormente en los asentamientos urbanos, por lo que en 2050 habrá más personas viviendo en ciudades de las que había en todo el planeta a principios de este siglo. Para poder satisfacer esta demanda, las necesidades de recursos por parte del sector de la construcción crecerán dramáticamente, así como el consumo de energía y las emisiones asociadas.
Con esto, la ponente presentó a grandes rasgos el impacto que tiene la edificación sobre: territorio, recursos, residuos, movilidad, cambio climático y energía, economía y sociedad, etc. Sin embargo, para cada uno de estos puntos, Fombella explicó las estrategias y soluciones que se pueden adoptar en el camino hacia una edificación sostenible que minimice los impactos negativos (tanto ambientales como sociales). Para ello, puso ejemplos concretos que se dan en nuestro país, como el primer edificio de viviendas con la certificación de edificación sostenible “LEED Platino” en España, promovido por una cooperativa que decidió apostar por la sostenibilidad.
A continuación los alumnos dispusieron de tiempo libre para el trabajo en los casos prácticos y seguidamente tuvieron lugar dos actividades opcionales. En primer lugar, una excursión por la pradera de Valsaín para poder disfrutar de los impresionantes pinares del entorno del río Eresma y, ya después de la cena, un cine-forum con la proyección de la película “Paisajes transformados” de Edward Burtynsky.
MIÉRCOLES 20 de julio de 2016
El último día del curso comenzó con la ponencia “Sistemas de transparencia ecológica: cálculo de la huella de carbono y otras huellas”, impartida por Dña. Elena Pellón de la consultora Solid Forest S.L. En primer lugar, la ponente repasó conceptos como el “Análisis del ciclo de vida” (definición, tipos de análisis, pasos a seguir y su evaluación), para centrarse posteriormente en el estudio y análisis de la “huella ambiental”, la “huella de carbono” y la “huella hídrica”. Así mismo, explicó en qué consisten y cómo se miden otro tipo de indicadores muy conocidos, como la “huella ecológica”. Pellón destacó las ventajas de la utilización de este tipo de medidas para favorecer un cambio de hábitos y actitudes hacia la conservación ambiental.
Seguidamente, D. Federico Velázquez de Castro (presidente de la Asociación Española de Educación Ambiental) impartió la última ponencia del curso, titulada “Educación y ética ambiental”. En ella, el ponente llevó a cabo una síntesis de los principales problemas ambientales tratados en el curso, así como las causas que nos han llevado hasta ellos, para posteriormente realizar una serie de propuestas de cara a revertirlos. En este sentido, manifestó que la educación ambiental no es un capricho, sino una verdadera necesidad en el contexto de crisis ambiental de nuestros días.
Velázquez de Castro puso de relieve tres bloques principales en los que debe residir la actuación que nos lleve a un mayor cuidado de nuestro entorno: el institucional, el social y el personal. Incidió en que la gestión pública institucional es indispensable, pero a ella hay que sumar la dimensión comunitaria y, sobre todo, la dimensión personal. El cambio empieza en el individuo y luego debe trasladarse a las demás dimensiones. Destacó que a veces nos dejamos llevar por modas de consumismo sin sentido y que el individuo debe ser lo suficientemente fuerte para decir NO, y negarse a participar de aquello que es lesivo para la vida y para el medio ambiente. Recordó que es necesaria una mayor participación pública y que la sociedad civil tenga una posición crítica. En esta línea, indicó que la Educación Ambiental tiene esta vocación transformadora de hábitos y actitudes, pero sin dejar de lado los valores, que parecen ser los grandes olvidados de nuestra sociedad. Por ello, resaltó que la ética es hoy más necesaria que nunca.
A continuación tuvo lugar la exposición de los casos prácticos trabajados por los alumnos, divididos en 6 grupos de unas 5 personas. Tres de los grupos trabajaron un caso sobre las implicaciones que tendría en nuestro país la extracción de gas natural mediante Fractura Hidráulica o Fracking, mientras los otros tres estudiaron los dilemas éticos que suponen las granjas de visones para la venta de sus pieles y las consecuencias de las sueltas de estos animales que tuvieron lugar en algunas explotaciones gallegas. Finalmente tuvo lugar la entrega de diplomas y clausura del curso.
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