miércoles, 11 de julio de 2018

CURSO DE VERANO "RETOS PARA PROMOVER EL CONSUMO SOSTENIBLE"

DÍA 1 (27/06/2018)

La edición 2018 del curso de verano sobre ética ambiental tuvo lugar por segundo año consecutivo en Ávila 1.131 Observatorio Activo, sede de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno en Ávila.

La inauguración del curso corrió a cargo del director de la cátedra, el profesor Emilio Chuvieco, quien expuso los principales objetivos del curso de verano, el esquema a seguir y el horario de las sesiones. Así mismo, presentó a los ponentes que participarían en esta edición del curso y los temas que tratarían.

La primera sesión del curso llevaba por título “Dimensiones psicológicas de la sostenibilidad. Barreras y resistencias psicosociales a la proambientalidad” y fue presentada por el catedrático de psicología D. José Antonio Corraliza. En su intervención, Corraliza comenzó con una introducción sobre los fundamentos de la psicología ambiental, para pasar posteriormente a analizar las dimensiones del consumo sostenible, entendido como comportamiento pro-ambiental. 
Acto seguido, analizó el discurso sobre la implicación social en la pro-ambientalidad a través del caso del reciclaje y del caso del cambio climático. A continuación, el ponente presentó una síntesis de las estrategias más importantes para promover la pro-ambientalidad. En la segunda parte de su intervención, Corraliza analizó las principales barreras que impiden el cambio de hábitos hacia un consumo más sostenible, para finalmente pasar a proponer distintas líneas de trabajo en este sentido.

A continuación, la profesora Carmen Valor (Universidad Pontificia de Comillas/ICAI-ICADE) presentó la ponencia “Dimensiones económicas de la sostenibilidad”, en la cual realizó una aproximación a los factores económicos que afectan a la sostenibilidad desde el nivel macro al nivel micro, para pasar posteriormente a analizar las posibles soluciones y cambios en el modelo económico que nos permitan redirigirlo hacia la sostenibilidad.



Como soluciones dentro del modelo socioeconómico, Valor destacó los productos certificados, el surtido sostenible, la educación para la sostenibilidad, la mejora de la información que se da sobre los productos y la economía circular. Como alternativas, la ponente analizó las B-corps, los modelos de negocio sociales/sostenibles, así como las plataformas de intercambio y reutilización de productos y servicios.

Tras el almuerzo intervino el director de la cátedra, Emilio Chuvieco, con la ponencia “Dimensiones ambientales de la sostenibilidad”. Chuvieco partió del análisis de las distintas facetas de la sostenibilidad, a través de una pregunta tan abierta como "¿qué es ser sostenible?", para mostrar cómo a veces las distintas dimensiones del desarrollo sostenible experimentan conflictos entre ellas que afectan a la comprensión y compromiso activo de la ciudadanía. Destacó a continuación la importancia ambiental del consumo, donde todos los sectores socioeconómicos se ven involucrados, pero sobre todo el ciudadano a nivel individual. El profesor Chuvieco repasó a continuación algunos indicadores ambientales relacionados con el consumo, como la huella hídrica, la huella de carbono o la huella ecológica. Finalmente, la última parte de la exposición se centró en ejemplos para reducir la huella ambiental, como los sistemas de información sobre la huella ambiental mediante certificaciones o los sistemas de acreditación ambiental.




Seguidamente intervino Julia López Varela, con una introducción al “Design Thinking como metodología activa para la resolución de problemas”, metodología que está revolucionando la forma de trabajar en las organizaciones. Se trata de un método centrado en lograr soluciones humanamente deseables, técnicamente factibles y económicamente viables.



Tras la introducción y la explicación de cómo serían las etapas de trabajo práctico en las sesiones siguientes, se formaron los grupos para abordar los retos relacionados con el consumo sostenible y, ya al caer la tarde, disfrutamos de una visita guiada que comenzó por la catedral de Ávila, continuando con las muestras más interesantes del rico patrimonio monumental de la ciudad.




DÍA 2 (28/06/2018)

El segundo día del curso comenzó con la ideación de los retos genéricos por parte de cada grupo, para lo cual se establecieron una serie de reglas que ayudasen a definir mejor cada reto, seleccionando un área de oportunidad por grupo.

A continuación los equipos comenzaron la fase de investigación, en la que tuvieron que enfocarse específicamente en un tipo de investigación de diseño centrada en el usuario. Para ello, unos miembros del grupo necesitarían realizar entrevistas a distintas personas de la ciudad, al tiempo que los otros desarrollaban investigación online.

Posteriormente, en la fase de descubrimientos, los alumnos tuvieron que poner en orden la información obtenida, agruparla, crear mapas de afinidad, detectar patrones, oportunidades, etc. En esta fase, siguiendo las sugerencias de Julia López Varela, aprendieron la mejor forma de aprovechar la información obtenida, de cara a afrontar las siguientes fases de la metodología. Un aspecto característico de este método es la definición de un usuario arquetípico, aquí denominado “persona”, en contraposición a otras corrientes que definen “perfiles” de consumidores o usuarios.


En las fases de definición e ideación, los participantes tuvieron que especificar las motivaciones e insights de sus respectivos usuarios, para de esta forma poder diseñar una experiencia o producto que permitiera al usuario satisfacer dicha necesidad. En esta fase, Julia López Varela mostró las técnicas más útiles para idear de forma efectiva, como por ejemplo: lluvias de ideas, Scamper, Reverso, Crazy Eights, Random Imput, Metáforas, etc.

DÍA 3 (29/06/2018)

Ya en el tercer día por la mañana, los alumnos acometieron una de las fases clave del proceso: el prototipado. El objetivo del prototipo era responder preguntas y transmitir ideas a los usuarios. En este punto, todos los grupos tuvieron que ponerse “manos a la obra” y literalmente diseñar un prototipo con distintos materiales disponibles en el curso con idea de cumplir los cuatro objetivos básicos de esta etapa: Testar ideas, Pensar haciendo, Poner las  ideas en las manos de los usuarios, Comunicación interna y externa.



Una vez diseñados los prototipos, los distintos grupos salieron nuevamente a las calles de Ávila para conocer las opiniones de los potenciales usuarios respecto a la solución ideada por cada grupo para el reto planteado. Finalmente, tras la comida tuvo lugar la última fase del método: la validación y evaluación conjunta de las propuestas de cada grupo, seleccionándose aquellas más creativas e innovadoras.




Después de la evaluación tuvo lugar la sesión de clausura y entrega de diplomas a cargo de Teodoro Sánchez-Ávila (Presidente del Patronato de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno), Jesús Zamora Rodríguez (Director de Proyectos e Inversiones de la fundación), Álvaro Matud Juristo (Director Académico y de Relaciones Institucionales de la fundación) y Emilio Chuvieco (Director de la cátedra de ética ambiental).




viernes, 18 de mayo de 2018

Ciencia y religión para el cuidado de la casa común

El pasado jueves 17 de mayo, el profesor Emilio Chuvieco participó en el ciclo de Coloquios de Ecología Humana de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, con la conferencia “Ciencia y Religión para el Cuidado de la Casa Común”.

La presentación comenzó con un análisis de algunos conflictos históricos entre la ciencia y la religión que han podido ocasionar la visión actual, equivocada en opinión del ponente, de que la ciencia y la religión están enfrentadas, o incluso que realmente lo hayan estado a lo largo de la historia. En este sentido, el director de la cátedra recordó que muchas universidades y centros de conocimiento han sido secularmente fundados por la Iglesia, y que numerosos grandes genios de la ciencia han sido religiosos o sacerdotes. De ahí que el tópico de que todos los científicos son ateos es falso.

Según el profesor Chuvieco, una de las causas de esta confusión es que no se deslindan bien los campos correspondientes a cada una: la ciencia estudia el cómo y el qué de las cosas, y la religión el por qué y el para qué. En su opinión, ni toda la realidad es científica, ni puede explicarse sólo a través de la ciencia.

Un ejemplo es el cambio climático de origen antropogénico, que según la ciencia no hay duda de que está ocurriendo y sus causas son claramente de origen humano. Entonces, ¿por qué no tomamos las decisiones necesarias? Para tratar de explicar este punto, el ponente retomó las palabras de Aldo Leopold, según el cual "ningún cambio ético se ha podido realizar nunca sin un cambio interno en nuestros énfasis intelectuales, lealtades, afecciones y convicciones. La prueba de que la conservación no ha tocado todavía esos cimientos de la conducta reside en el hecho de que la filosofía y la religión todavía no han oído hablar de este tema. En nuestro intento por hacer de la conservación algo fácil, la hemos convertido en algo trivial".

En la misma línea, el decano de ciencias forestales de la universidad de Yale, tras décadas estudiando problemas ambientales concluía que sus causas principales eran el egoísmo, la avaricia y la apatía, y ninguna de las tres podía resolverlas la ciencia.

Pero, ¿qué pueden aportar las religiones a la conservación ambiental? Según el profesor Chuvieco, la religión ofrece una visión cosmológica de la realidad, sobre quiénes somos y cuál debe ser nuestra relación con el resto de las cosas, de los seres vivos. Por otro lado, una concepción común de las grandes religiones es que el mundo lo ha creado Dios. Si lo ha creado dios, tiene un valor intrínseco, está ahí por algo. No sólo tiene un valor instrumental para satisfacer nuestros intereses inmediatos. Por ello, a la naturaleza se la debe respeto y reverencia.

En tercer lugar, en la cosmovisión religiosa, la naturaleza es un lugar de encuentro con Dios, un lugar sagrado. Los rituales por lo general siempre se han hecho en parajes naturales alejados del mundanal ruido.

Otro aspecto muy importante es que las religiones incluyen enseñanzas en virtudes, valores espirituales, en el rechazo a las posesiones materiales, etc. Es “la donación de sí en el compromiso ecológico” del que habla el Papa Francisco en su encíclica Laudato si’. Precisamente en este documento el Sumo Pontífice apunta también cómo muchos cristianos han estado viviendo de espaldas a la naturaleza, sin preocuparse por la conservación ambiental, incluso burlándose del tema.

Pero Franciso indica claramente que cuidar la Creación es parte esencial de una existencia virtuosa, no es algo opcional en la vida de un cristiano. Para superar estos obstáculos, el profesor Chuvieco propone tres líneas de actuación principales: Impulsar la reflexión sobre las implicaciones ambientales del cristianismo, mejorar la formación ambiental de los líderes religiosos, y promover la cooperación con otras tradiciones religiosas en iniciativas ambientales; todo ello desde la experiencia de los beneficios que ha mostrado el diálogo entre ciencia y religión a lo largo de las últimas décadas.

lunes, 23 de abril de 2018

Seminario "Felicidad Sostenible"

El profesor Alfredo Marcos (Universidad de Valladolid) participó el jueves 19 de abril en el Ciclo de Seminarios Sobre Ética Ambiental con la conferencia “Felicidad Sostenible”. El Catedrático de Filosofía comenzó su intervención lanzando al aire la pregunta “¿es posible la sostenibilidad sin felicidad?”, como antesala de lo que sería la disertación posterior cuya síntesis también adelantó: en el contexto actual, difícilmente podremos abordar los problemas ambientales sin entender qué es el ser humano y qué es una vida feliz.

El ponente comenzó repasando la evolución histórica del concepto de desarrollo económico y crecimiento, para pasar después a explicar el nacimiento, en los años setenta del pasado siglo, del concepto de desarrollo sostenible como solución a las tensiones que podrían generar el desarrollo/crecimiento clásicos. Sin embargo, en su opinión, este concepto no resulta del todo válido para orientar la toma de decisiones, en tanto que está referido a las necesidades de las generaciones futuras. Y ocurre que existe una enorme dificultad para averiguar estas necesidades, pues dependen en gran medida de cómo evolucione el cambio tecnológico, a la par que la cultura, la demografía, la propia situación ambiental, etc. Todos estos factores y otros modifican nuestras necesidades actuales y modificarán las necesidades de las futuras generaciones, de forma que hoy por hoy no resultan predecibles. Según este escenario, no es posible tomar decisiones que garanticen la satisfacción futura de dichas necesidades.

Continuando con su argumentación, planteó la primera propuesta para solventar este escollo, que consistiría en complementar el Desarrollo Sostenible con el concepto del Desarrollo Humano, cuantificado por el Índice de Desarrollo Humano (IDH). Este índice, que añade a la tradicional medida del Producto Interior Bruto otras como la esperanza de vida, salud, educación e igualdad, se orienta a mejorar las capacidades actuales de las personas. Pone en el centro al ser humano actual (y no tanto a las futuras generaciones), en el sentido de evaluar en qué medida puede realizarse con libertad y elegir su destino.

Sin embargo, en este punto se plantean otras disyuntivas. Suponiendo que vivimos en un país con un Índice de Desarrollo Humano elevado, Marcos se pregunta hacia dónde debemos apuntar con nuestras expectativas: ¿placer, dinero, fama, reconocimiento, virtud, sabiduría…? Aquí podrían barajarse diferentes visiones o teorías sobre la felicidad, e incluso es posible que alguna no resultase compatible con la sostenibilidad (por ejemplo, si todas las personas tuvieran como objetivo prioritario para su felicidad acumular toda la riqueza posible). Por este motivo, después de que el Desarrollo Sostenible es complementado con el Desarrollo Humano, debe añadirse una teoría de la felicidad.

Siguiendo las enseñanzas de Aristóteles, la felicidad es una actividad, no es un estado momentáneo, ni una sensación. Es una actividad continuada, una vida plena, estable aunque sujeta a vicisitudes (azar, destino). Pero, ¿en qué consiste? ¿Cuál es el contenido de esta actividad continuada que denominamos felicidad? La teoría aristotélica nos da pistas, como por ejemplo que la felicidad es un fin que se persigue por sí mismo, mientras que otras cosas que algunas personas consideran fines (el dinero, la fama… incluso la salud), en realidad son solo medios para alcanzar otro fin, que sí puede ser denominado felicidad.


Por otro lado, también destacó el famoso “término medio” aristotélico, en el sentido de buscar la moderación en todos los ámbitos de nuestra vida. Y retomando el IDH, mostró en un gráfico cómo algunos estudios demuestran que, por encima de ciertas cantidades económicas (moderadas), un aumento de la renta per cápita no conlleva un aumento igual en el Índice de Desarrollo Humano. Curiosamente, la media de renta en la que el gráfico muestra un área de inflexión, se parece mucho a la de España. Con esto, apuntó que al parecer también respecto al dinero, lo mejor es la moderación.

Pero para entender verdaderamente la felicidad, necesitamos entender al ser humano. Es preciso profundizar en una antropología filosófica sobre nosotros mismos para poder concretar en qué puede consistir nuestra felicidad. Aristóteles tiene claro lo que diferencia al ser humano de otras criaturas: su carácter racional y espiritual, lo cual ya sugiere que sin un adecuado cultivo de estas dimensiones de la persona, no se podrá alcanzar la felicidad plena. Según Marcos, el sabio griego indica que se deben cultivar hábitos que nos lleven a la virtud en estas dimensiones del ser humano.

Sin embargo, Aristóteles también es realista al destacar que no se debe olvidar la naturaleza “animal” del ser humano y su carácter social. Es decir, la vida contemplativa no puede serlo todo. Para alcanzar la felicidad es imprescindible un grado de bienestar físico previo, así como un entorno familiar y conciudadano agradable. No obstante, estas tres dimensiones (física, social e intelectiva), no deben estar simplemente yuxtapuestas, sino conjugadas armoniosamente.

En opinión de Alfredo Marcos, este marco aristotélico de la felicidad podría encaminar el concepto de Desarrollo Humano expresado por el IDH de forma que complemente mejor al de Desarrollo Sostenible y, con ello, orientar las decisiones necesarias en materia ambiental y de lucha contra el cambio climático.

sábado, 7 de abril de 2018

Superar el paradigma tecnocrático

Sin duda la encíclica Laudato Si' ha sido uno de los documentos vaticanos más leídos y que ha generado más controversia, dentro y fuera de la Iglesia. Curiosamente los más entusiastas del documento no han sido siempre los católicos (que muchos también), sino algunos otros, habitualmente poco cercanos a la Iglesia. Este es, en mi opinión, uno de los grandes méritos de la Encíclica, ya que no cabe duda que el diálogo con el mundo contemporáneo es una prioridad de la Evangelización.
Entre las críticas que se han hecho a la Encíclica (también desde el lado católico) algunos la han acusado de estar en contra del mundo moderno, al criticar al sistema económico y a la tecnología, acusándola de estar detrás de la crisis ambiental actual. Incluso alguna mente un tanto calenturienta ha comparado la Encíclica con la crítica al modernismo de Pio IX.
En mi modesta opinión, la crítica -muy dura, por cierto- que hace la Encíclica al sistema económico y a la mentalidad tecnocentrista no es antimoderna sino más bien al contrario, es postmoderna, porque lo hace no desde la mentalidad de algo que haya que recuperar del pasado, sino de algo que hay que superar del presente para proyectarlo al futuro. El Papa no está recomendando que volvamos a las cavernas, porque sería absurdo y porque, dicho sea de paso, tampoco nuestros antepasados paleolíticos tenían una relación idílica con el ambiente (recordemos las extinciones masivas con la colonización de América hace 10-15.000 años). Lo que el Papa plantea es que el sistema actual tiene muchas deficiencias que no pueden obviarse y que se manifiestan en dos parámetros muy profundamente tratados en la Encíclica: deja fuera del "sistema" a muchas personas y destruye el ambiente, o dicho en una sola frase degrada a la vez a la Naturaleza y a las personas que formamos parte de ella. La tecnología es obviamente una aliada imprescindible del cambio ético que necesitamos afrontar para cambiar nuestra relación con el entorno, pero también puede serlo de quienes quieren seguir manteniendo un modelo que solo beneficia a una pequeña parte de la población mundial. La tecnología en sí es neutra, puede usarse para curar tumores o para destruir ciudades, para comunicar a las personas o para controlarlas, para salvaguardar la vida o para manipularla, haciendo niños, animales o plantas "a gusto del consumidor". Respetar la naturaleza es, en primer lugar, aceptarla tal y como es, admitir que es fruto de una decisión amorosa del Creador, para los que creemos en Dios, o de un conjunto de mutaciones aleatorias: en cualquier caso, no somos quien para manipularla a antojo. El "seréis como Dios" del Génesis tiene aquí un nuevo eco. En un reciente número de la prestigiosa revista Nature se habla de "biología sintética" para identificar el conjunto de técnicas que nos permiten rediseñar seres vivos "para usos prácticos", indica la revista. Yo me pregunto, ¿prácticos para quién? No, desde luego, para los más pobres y vulnerables de la Tierra. Todo el pensamiento trashumanista se viste del prestigio actual de la ciencia para proponer verdaderos disparates éticos, que intentan en última instancia crear seres humanos más "avanzados" que los que la evolución (guiada o no por Dios, no es el caso ahora esta discusión) ha generado naturalmente. ¿Pero quién decide qué es ser "avanzado"? ¿Quién se abroga el papel de creador artificial? Y, sobre todo, ¿quién evalúa los impactos indirectos que tienen esas manipulaciones?
¿Qué significa entonces "superar el paradigma tecnocrático"? A mi modo de ver algo tan sencillo como reconocer que la técnica es un aliado, pero no es una guía ética. No debe hacerse todo lo que puede hacerse, porque la Naturaleza, y las personas como parte de ella, tienen muchas dimensiones y valores que no pueden juzgarse con criterios de eficiencia humana, a corto plazo y para interés individual. Es preciso superar ese paradigma, que el Papa toma en buena parte de la lúcida crítica a la modernidad que ya hizo Romano Guardini a mediados del pasado siglo. Conviene insistir que la ciencia y la técnica, sin guía ética, no necesariamente son beneficiosas. Criticar el modelo tecno-economicista no es estar en contra de la economía o la técnica, sino pedir que ambas sirvan a los intereses de todos los seres humanos, no sólo de unos pocos, y que en última instancia garanticen que el planeta siga siendo un lugar habitable, para nosotros y para otras especies. Por eso, la solución a los problemas ambientales no pasa únicamente por introducir tecnología que reduzca la contaminación del aire y del agua (que obviamente son necesarias), sino por solucionar la actitud de fondo que causa esa contaminación, la de quien piensa que vivimos en un planeta sin límites, hecho para nosotros solos (más bien para ellos solos), y justifica los atentados al medio como un medio para un desarrollo que no deja de ser una versión muy reducida de lo que realmente implica un progreso integral. Por eso, me parece imprescindible entender la conversión ecológica que plantea la Laudato Si' como un concepto muy amplio y hondo, que atañe a todas nuestras dimensiones: corporal, racional y espiritual. Como cualquier conversión esto implica un cambio radical de rumbo, muy bien reflejado en estas palabras del papa Francisco: «La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático» (LS 111). De nosotros depende que este cambio se produzca, al menos de que se produzca en nosotros mismos.

Por Emilio Chuvieco (11 de marzo de 2018)
http://razonyalegria.blogspot.com.es/

viernes, 6 de abril de 2018

Pasado, presente y futuro del Derecho Ambiental

En la tarde del jueves 5 de abril disfrutamos con la intervención del Catedrático de Derecho Administrativo por la Universidad de La Coruña, D. Francisco Javier Sanz, especialista en Derecho Ambiental y Director del Observatorio del Litoral de dicha universidad.

La conferencia, bajo el título "Pasado, presente y futuro del Derecho Ambiental", comenzó con un repaso a la problemática ambiental de las últimas décadas y el cuestionamiento de las posibles vías para resolverla, de entre las cuales puede destacarse el Derecho Ambiental. Según el ponente, esta disciplina podría definirse básicamente como un conjunto de normas jurídicas que pretenden la protección del medio ambiente y el uso racional de los recursos naturales.

Aunque se podría decir que este tipo de normas vienen aplicándose desde hace siglos, Sanz resaltó figuras como Thoreau (a partir de la obra “Walden”) o John Muir (como pionero en la lucha por la protección de espacios naturales en USA). En sus inicios, predominaban normas de conservación de un estado prístino de los espacios, para pasar después a introducir otros fundamentos en el Derecho Ambiental, como el de mejora y restauración (revertir a estados anteriores, depuración de aguas y suelos…) y el de la utilización racional de los recursos.

En su opinión, algunos factores determinantes del desarrollo del Derecho Ambiental actual han sido: los descubrimientos científicos, las catástrofes naturales, los movimientos ecologistas, la sensibilización ciudadana general, el desarrollo tecnológico y el conocimiento de los efectos globales de la acción del ser humano, entre otros.

Sanz afirmó que en el futuro habrá un Estado Ecológico de Derecho (o Estado Ambiental de Derecho), o no habrá nada, porque el medio ambiente debe introducirse aún más en todas las políticas y sectores, de forma verdaderamente transversal e integral, cosa que aún no se da, y que para ello hace falta un consenso mundial.

El acercamiento a este consenso puede observarse en la propia evolución histórica del Derecho Ambiental. Desde una primera etapa “prehistórica” hasta el Derecho Romano, pasando por etapas más recientes antes y después de la Segunda Guerra Mundial; hasta la etapa actual, que podría denominarse la “Era Ecológica del Derecho”, la cual podría datarse a partir de la Cumbre de Estocolmo sobre Desarrollo Humano en 1972, a la que seguiría Río de Janeiro en 1992 como otro gran hito. Recientemente, desde el acuerdo de París de 2015, también el Derecho se está centrando en los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, con objeto de integrar las dimensiones ecológica, económica y social.


En el presente, Sanz comentó que tenemos un Derecho Ambiental híper desarrollado, incluso más de lo que es posible aplicar. Así, todo está regulado hasta el más mínimo detalle, pero muchas veces no se aplica o las posibilidades técnicas y económicas restringen mucho su aplicación.

Sin embargo, el ponente quiso destacar que la mayor finalidad del Derecho Ambiental no es la represión o sanción. En primer lugar, está la prevención (normas y procedimientos que eviten daños futuros, como por ejemplo la Evaluación de Impacto Ambiental). También destacó el principio de precaución o cautela (cuando no hay certeza de los posibles efectos adversos, como en el caso de las ondas electromagnéticas de los móviles, o en el caso de los transgénicos). Otro principio es el de corrección en la fuente (como la eliminación de plásticos, cuyas micropartículas se han encontrado ya en todas partes del mundo). Y a todo ello habría que sumar el ya conocido de “quien contamina, paga”, pero principalmente referido a desincentivar actividades que –aunque legales– producen impactos ambientales.

Respecto al futuro, el ponente se mostró optimista frente a los distintos escenarios posibles, rechazando así distopías apocalípticas, en pro de ecotopías donde el respeto y la conservación del medio ambiente estén perfectamente integrados en todos los ámbitos de nuestra vida: el urbanismo sostenible y las infraestructuras verdes, los huertos urbanos, la economía circular, una alimentación más basada en el Slow Food, una mayor responsabilidad ambiental de las empresas, etcétera., donde además el Derecho Ambiental tendrá así mismo un importante papel, menos sancionador, y más preventivo y pedagógico.

miércoles, 14 de febrero de 2018

Factores que determinan el consumo sostenible

La Profesora Carmen Valor (U.P. Comillas) condujo el pasado 8 de febrero el seminario "Consumidores y sostenibilidad: factores de adopción de estilos de vida sostenibles". La ponente comenzó planteando a los presentes preguntas abiertas sobre los conceptos de sostenibilidad, consumo sostenible, consumo verde… para seguidamente pasar a analizar uno a uno los principales factores que condicionan este tipo de consumo.

Por un lado se encuentran los referidos a la personalidad y biografía de cada uno, como por ejemplo las experiencias vividas de niño, que marcan profundamente el comportamiento como adultos y determinan la adopción de un perfil más o menos sostenible.

En este ámbito también se ha analizado el perfil emocional, de forma que ciertas personas manifiestan más a menudo culpa y vergüenza cuando no actúan de modo sostenible, enfado cuando ven noticias de negligencias ambientales, o por el contrario agradecimiento y esperanza, así como empatía y compasión hacia las acciones a favor de la conservación del medio. Lo interesante es que, según muchos estudios, estos patrones de respuesta parecen educables.


En tercer lugar se encuentran las metas que cada uno se plantea y que pueden ser de muy diversa índole en este caso: a) preocupación por el medio ambiente, b) por la salud, c) moralidad/culpabilidad, d) búsqueda del bien común, etc.

En este sentido, también se han estudiado los valores que influyen en la adopción de estilos de vida más sostenibles, divididos en cuatro grupos: a) los relacionados con la apertura al cambio (que no influyen demasiado en este caso), b) los de autotrascendencia (que son los que más influyen de manera positiva), c) los de conservación (no influyen demasiado porque no mueven al cambio), y los de autopromoción (que afectan de forma negativa). Respecto a la autotrascendencia, Valor explicó que algunas personas con este tipo de valores más acentuados en ocasiones experimentan el desarrollo de una “identidad máster” que predomina y les hace tratar de convertirse en personas ejemplares, de forma que todo lo que hacen en su vida les lleva a alcanzar esta meta; y el consumo es una parte de ello. En esta conversión hacia un ser más ético (ethical selving), destaca el hecho de que estas personas no lo viven como un sacrificio, sino como un proceso de florecimiento.

Otro punto que se ha estudiado mucho en este campo, y relacionado con lo anterior, es la influencia de las creencias (worldview). Así, la predominancia de la dimensión política en nuestro modo de ver el mundo suele favorecer el individualismo, con aspectos posesivos y materialistas. La predominancia de la dimensión económica está relacionada con la confianza en el progreso económico y el crecimiento ilimitado, de igual forma que cuando predomina la dimensión tecnológica se tiene una fe en que la ciencia y la tecnología solucionarán todos los problemas. En cambio, cuando el predominio viene relacionado con el New Environmental Paradigm, la persona tiene más probabilidades de convertirse en un consumidor responsable. Y finalmente, la predominancia del Ecoself (la mayor integración de la naturaleza dentro del ser) determina una mayor tasa de consumo sostenible.

Por otro lado, un factor con indiscutible influencia en nuestros patrones de consumo es la oportunidad, es decir, los condicionamientos externos a partir de: estructuras e infraestructuras, transporte, publicidad, disponibilidad, precio, etc. ¿Cómo nos afectan? Dependiendo de las circunstancias, con bloqueo, inercia, rechazo, etc.
Un punto importante es la denominada habilidad, que en este caso se encuentra en relación con la capacidad de decisión que tiene el consumidor fundamentalmente a partir de la información que posee. Pero aquí los resultados son contradictorios, pues no siempre más información redunda en un consumo más sostenible. Algunos aspectos que afectan de forma negativa son: dificultad de acceso a la información, dificultad de comprensión, dificultad de comparación entre alternativas, baja o nula credibilidad de la información disponible o asimetrías en la información, entre otros. En este sentido, en general se concluye que cuando el consumidor reconoce y comprende los sellos, pero además confía en ellos, se favorece el consumo de dichos productos; por lo que las dos brechas principales a superar son información y credibilidad.

A partir de este momento, la ponente planteó el siguiente bloque de la sesión con la siguiente disyuntiva: ¿debe ser el consumidor el motor del cambio hacia la sostenibilidad o el mercado? Respecto a la primera opción, surgen cuestionamientos del tipo: ¿es lícito/moral cargar esta responsabilidad en el consumidor? ¿Sería eficaz? No son preguntas banales, pues si el bien a proteger es común, ¿se debe proteger por medios privados? Cabe el riesgo de mercantilizar la protección de bienes públicos, pero también el riesgo de que si ésta fuera la única forma de favorecer el consumo sostenible, y el consumidor no se muestra interesado, habría una desprotección de bienes públicos. ¿Qué sucede con las empresas y gobiernos?

Aquí comenzó el debate, donde los asistentes se mostraron a favor de una protección multi-parte, donde tanto los ciudadanos, como las empresas y gobiernos reconozcan su responsabilidad y la ejecuten en aras de la protección ambiental.
En este sentido, Valor apuntó que, respecto al consumo sostenible, actualmente las empresas lo han incluido como un “extra” en su oferta, esperando de alguna forma que el consumidor reaccione de forma positiva, a modo de recompensa, lo cual no está sucediendo. Una alternativa posible es que lo sostenible venga por defecto en los productos, y no sea un extra.

También ocurre que el poder del consumidor (poder experto y poder sancionador) es limitado. Hay muchos eslabones en la cadena de producción y muchas veces el consumidor no sabe cómo juzgar. Otras veces, cuando “sanciona” con su compra a determinada empresa o producto, lo está haciendo de forma equivocada.

Para finalizar, la ponente terminó con una reflexión según la cual a su modo de ver estamos en una época de cambio en la que la cuestión de fondo gira en torno a “¿qué es realmente lo valioso?”. Según Valor, en definitiva todo se resume en esta cuestión que cada vez más personas se formulan y que determinará no sólo nuestros patrones de consumo a medio plazo, sino nuestro modo de vida en general y por ende nuestro modo de afrontar la conservación ambiental.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Seminario sobre el impacto ambiental de los productos alimentarios

El pasado 12 de diciembre tuvo lugar el Seminario científico-técnico sobre ‘Indicadores de impactos ambientales de los productos de consumo alimentario’, co-organizado por el Observatorio del Agua de la Fundación Botín y la Cátedra de Ética Ambiental “Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno - Universidad de Alcalá”, en el que se contó con la asistencia de una veintena de expertos de diversos ámbitos relacionados con los sectores ambiental y alimentario. El objetivo principal de esta jornada era analizar los distintos estudios sobre los impactos ambientales de los productos alimentarios, fundamentalmente su alcance, resultados y metodologías, con la perspectiva de facilitar mayor información al consumidor.

La presentación del seminario corrió a cargo de Alberto Garrido, Catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid y Director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín, y de Emilio Chuvieco, Catedrático de la Universidad de Alcalá y Director de la Cátedra de Ética Ambiental “Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno”.

Seguidamente, el profesor Chuvieco presentó su ponencia marco “Dimensiones del consumo responsable”, que a su juicio se basan principalmente en dos: el convencimiento personal para realizar este consumo y la información necesaria para poder llevarlo a cabo con acierto. Comenzó destacando la falta de coherencia y de compromiso con la conservación ambiental que en general tiene la población y que se manifiesta también a través del consumo. Para revertir esta tendencia, insistió en la necesidad de sistemas de transparencia ecológica, así como una mayor información sobre los productos que se producen y se ponen a la venta.

A continuación, Maite M. Aldaya y Alejandro de Blas presentaron la sesión “Estudios sobre usos y consumos de agua (huella hídrica) de productos alimentarios”. En ella mostraron los resultados de distintos casos de estudio realizados sobre el uso del agua y la huella hídrica de los alimentos y bebidas, en el marco de lo establecido por los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Posteriormente, mostraron los resultados de otros estudios presentados por la Fundación Botín acerca de las diferencias en el impacto sobre la huella hídrica entre la dieta mediterránea y otras, como por ejemplo la que recomienda el departamento correspondiente en los Estados Unidos. En último lugar, mostraron las conclusiones de un estudio sobre el desperdicio equivalente en agua que se produce en los hogares de nuestro país a través de los restos de alimentos y bebidas que se arrojan a la basura.

Tras el café se desarrolló la sesión “Estudios de huella de Carbono”. En primer lugar, Rubén López, Director de Solid Forest S.L., expuso una introducción a los conceptos de Análisis de Ciclo de Vida, Desempeño Ambiental de Productos y Organizaciones, Huella Ambiental, Huella de Carbono, Huella Hídrica y Huella Ecológica, entre otros. Centrándose después en la Huella de Carbono, comentó las normativas reguladoras a nivel europeo y las principales metodologías para el cálculo. Finalmente, presentó los resultados preliminares de un proyecto piloto que se está desarrollando desde la Cátedra de Ética Ambiental sobre etiquetado de huella de carbono de productos alimentarios. Mario Burgui, investigador de la citada cátedra, continuó explicando la situación actual en la que se encuentra el proyecto, una vez inventariados los datos de huella de carbono de los productos seleccionados. Así, los siguientes pasos consistirán en la selección del modelo de etiqueta más adecuado y la evaluación de la percepción de la población sobre la misma, a partir de estudios con consumidores.

La siguiente sesión consistió en una serie de intervenciones breves por parte del sector productor, industrial, distribuidor y representantes de consumidores, seguida de un debate. En primer lugar intervino Nuria Arribas, de la Federación Española de Industrias de la Alimentación y Bebidas (FIAB), quien comentó las principales actividades desarrolladas desde su organización en materia de sostenibilidad medioambiental dentro del sector alimentario. Tomó la palabra después Isabel Coderch, especialista en restauración sostenible quien comentó las acciones que se pueden llevar a cabo para minimizar los impactos ambientales de los productos utilizados en el sector de la restauración, poniendo como ejemplo acciones desarrolladas desde su compañía “Te lo sirvo Verde”.


Acto seguido, Alex Fernández Poulussen, Director Regional de Good Stuff International, presentó la actividad que su consultora ha desarrollado en materia de custodia del agua dentro del proyecto Alliance for Water Stewardship (AWS), cuyos principales objetivos son promover el uso del agua: 1) Responsable con el medio ambiente, 2) Socialmente equitativo y 3) Económicamente beneficioso.

Sebastién Guery, miembro de la Sustainable Agriculture Initiative (SAI) Platform, intervino con la ponencia “¿Cómo hacer para que los indicadores de impacto ambiental de los productos de consumo alimentario permitan un cambio real en el proceso de producción?”, en la cual mostró el trabajo realizado en el Proyecto FERDoñanana (Fomento de la Eficiencia en el Riego), centrado en el uso sostenible del agua en la producción de frutos rojos en el entorno del emblemático parque nacional.

Más tarde, Susana Rivera, Técnica del Dpto. Servicios, Calidad e Innovación de Cooperativas Agro-alimentarias de España, comentó la estructura, misión y objetivos de su organización, así como las acciones de mejora que están desarrollando de cara a lograr la sostenibilidad ambiental del sector agropecuario, como por ejemplo: el "Pacto por una economía circular", la lucha contra el desperdicio alimentario, proyectos para el aprovechamiento integral de residuos e iniciativas de cadena corta, entre otras.

La última intervención fue presentada por Arturo Angulo, representante de la oficina de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en España, bajo el título “Impactos del consumo alimentario en el marco de la Agenda 2030”. El ponente analizó los últimos datos publicados por su organización, según los cuales actualmente se producen alimentos suficientes para alimentar a toda la población mundial, pero más de 800 millones de personas tienen desnutrición y 2000 millones importantes carencias nutricionales, debido fundamentalmente a que desperdiciamos 1/3 de lo producido.

Tras el almuerzo tuvo lugar un debate en el que salieron cuestiones como la confusión que existe en los medios de comunicación sobre los ingredientes de los alimentos y sus posibles aspectos beneficiosos o perjudiciales, así como su tendencia cambiante a lo largo del tiempo. Se destacó también cómo han cambiado en poco tiempo nuestros hábitos alimentarios.

Así mismo, se discutió cómo promover el consumo responsable a través, entre otros, de la ambientalización de los pliegos de los concursos de la restauración en el sector público (mediante la exigencia de un % de productos ecológicos, locales o con baja huella de carbono, etc.). En este sentido, se comentó la necesidad de unas políticas preventivas por parte de la administración, que podrán reportar beneficios globales a largo plazo.

Respecto a la viabilidad del etiquetado de huella ambiental de productos alimentarios en España, se trataron las dificultades existentes actualmente, en su mayoría por falta de consenso a nivel internacional y nacional. Sin embargo, sí se considera que sería útil para el ciudadano de a pie, de cara a promover el consumo responsable. Si bien una dificultad añadida sería cómo certificar este etiquetado y por parte de quién, ya que las declaraciones de huella de producto independientes sin una homologación equiparable y homogeneizada no tienen mucha validez, y pueden provocar agravios entre empresas. A este respecto, en el debate se concluyó que, aun siendo importante la comunicación de la huella ambiental de un producto, lo verdaderamente importante es que ese cálculo lleve detrás un plan de mejora continua para reducirlo.