miércoles, 13 de marzo de 2019

Ecofeminismo y Ecología Social

El martes 12 de marzo contamos con Dina Garzón Pacheco en los Seminarios Sobre Ética Ambiental, quien presentó su ponencia "Ecofeminismo y Ecología Social: los pactos de ayuda mutua". Ingeniera Técnica y Master en Gestión Ambiental, Dina Garzón ha trabajado en la Agencia de la Energía de Andalucía y ha sido asistente parlamentaria de Los Verdes en el Parlamento Europeo. Es promotora de la cooperativa Mujeres Con Energía de plantas solares participadas, y también coordinadora de la Red Ecofeminista, asociación con el objetivo de difundir el Ecofeminismo crítico en la sociedad.

La ponente comenzó su intervención repasando las aportaciones de algunos pioneros de los movimientos de conservación de la naturaleza, destacando las conexiones con el ecofeminismo actual, entre ellos: Piotr Kropotkin, Murray Bookchin o Ynestra King, quien según Garzón desarrolló las ideas de Bookchin en sentido feminista, por ejemplo en su artículo de 1987 titulado “What Is Ecofeminism?”. En segundo lugar, también repasó algunas de las corrientes del feminismo que sentaron algunas bases del ecofeminismo de hoy día, como el sufragismo. Entre las pioneras del Ecofeminismo a nivel internacional, destacó el papel de Rachel Carson y de Petra Kelly, y a nivel nacional, el de Alicia Puleo.

En la siguiente parte de la charla, la ponente expuso las características básicas del Ecofeminismo, como es la consideración de la existencia de una relación entre la explotación de la naturaleza y la opresión histórica de la mujer. Según expresó, el sistema patriarcal está detrás de ambas, tanto en los trabajos no remunerados que ha venido realizando la mujer, como respecto de los bienes que produce la naturaleza, dado que en ambos casos se produce una apropiación sin el debido reconocimiento. Esto tiene su origen en una errónea dualidad que enfrentaba la mente al cuerpo y la cultura a la naturaleza, considerando siempre superiores a los primeros. Del mismo modo, históricamente se consideró superior al hombre sobre la mujer, dado que a aquel se le identificaba con la parte racional, y a ésta con la parte física o emocional. En este sentido, resaltó los vínculos entre la ecología social y el ecofeminismo, dado que ambas corrientes comparten una doble preocupación: la degradación ambiental y la injusticia social.

Sin embargo, apuntó así mismo la existencia de diferencias entre distintas facciones dentro del Ecofeminismo. Por un lado se encuentra la corriente Esencialista y, por otro, la Constructivista. Básicamente, la primera se refiere a la predeterminación existente para la mujer desde su nacimiento, que le confiere un carácter de ‘diferente’ frente al hombre. La segunda corriente resume su ideario en el lema “no se nace mujer, se hace mujer”. Ello conlleva diferentes propuestas para encarar la crisis ambiental. Así, mientras desde el Esencialismo se parte de la reconocida diferencia para argumentar la lucha frente al patriarcado como solución a la crisis ambiental, desde el Constructivismo Ecofeminista se considera que no sólo la mujer debe liderar el movimiento en pro de la conservación ambiental, sino que todos –hombres y mujeres– deben involucrarse por igual.

Finalmente, Garzón planteó ciertas consideraciones acerca del ecofeminismo actual, destacando el trabajo que se está haciendo para lograr pactos de ‘no agresión’ (o pactos de ayuda mutua) entre el Feminismo, el Ecologismo y el Animalismo. Reconoce que no siempre es fácil, puesto que existen muchas diferencias, por ejemplo entre los ecologistas y los animalistas, pero en su opinión es importante que el Ecofeminismo tienda puentes y busque consensos entre estos movimientos sociales, de forma que se avance satisfactoriamente hacia la resolución de los problemas sociales y ambientales que les son comunes.

martes, 26 de febrero de 2019

Why do we need more geoethics in research?

Ethics is becoming more and more a hot topic in the discussion about natural resources management and climate change. At the same time, there is an increasing awareness about the complexity, irreversibility and uncertainty in the Earth-Man relation and how feed-back loops impact on the geosphere and, in turn generate geological risks on human activities. In fact, Impact-Risk is a kind of action-reaction loop although the detail of how this exactly works is at the core of Complex Human and Nature Systems (CHANS).

The approach to puzzle out these issues strongly relies on technology and science. Complex models and ineffective cost solutions do not seem to be enough to solve the problems. We live in troubled days under a technocratic and scientism fallacy believing science and technology can or at least may solve many, if not all, of the problems created by the Anthropocene. However, more and more voices point to "the environmental crisis is fundamentally a crisis of values" (Nasr, 1997).

I believe science and technology, and so the research that make them possible, need to be core grounded in ethics in order to feed a value-based approach to current and future challenges. This is not about realizing the magnitude of the problem we are facing in terms of keeping geosphere stability for human evolution (Galleni & Scalfari, 2005). However, breaking the existing technopoly (Postdam, 1993) inertia and understanding the problem from a values point of view is key if we want to survive in and with dignity in this world.

Research in general and specifically in geosciences when related to natural resources management and governance has not been doing so well in helping to do so. Frequently, research methods are very "extractive". We use surveys and sometimes we rely on historical data, however, rarely does research go back to people to cross check and share results in a truly participatory way. Furthermore, raw data are only occasionally available to the citizens and "analysis, result discussions and conclusion" are cryptic in order to preserve the elite mind. We should make a strong effort to make research more transparent and available to people so results can be discussed and challenged, even when this means we need to move away from our "comfort zone" and realize we are not as smart as we thought we are. In addition, researchers have a moral duty; we cannot only inform and reflect about environmental impacts and risks because those affect moral agents.

We are all pushed to think and to blindly "believe" in science and technology as this sustains the current technopoly paradigm of development but when global issues affect us all it could be an interesting approach to see how our daily relations with other beings (Earth included) stand on ethical behavior. Thus, scientific knowledge doesn't dictate behavior but science needs to be "unsecularized" from the dogma and, rather, to approach Ethics. Knowledge is not only set in our physical brain and mind structures but transcends into the spiritual perceptions that shape our daily behavior. Behavior doesn't sit on rational-bounded knowledge but on moral values, beliefs and natural instincts that determine the why of our actions. It is an ethical duty of geosciences to look at Ethics. "It is also to be hoped that it will contribute to highlighting profound dimensions and forgotten languages of the human element that the predominantly scientific-technical civilization tends to repress and hide" (Velasco, 2007).

Geosciences research needs to be reactive. It is not enough to apply scientific methods, draw hypotheses, analyze data and report results (scientific methodologies are not value-neutral). There is no added value doing so if the end does not improve people’s lives and safeguard the Earth. Research cannot be passive when looking at socio-environmental problems that involve integrity, recognition and redistribution issues in natural resources management. Research needs to be brave and stand up, and needs to be politically and ethically engaged, but mainly committed. Should sound scientific reports be dropped on a table without the ethical need to accompany the decision-making process? And what is the role of advising and counseling from a pedagogical and social learning point of view?

Academia is not and cannot be an "untouched" sanctuary but an open learning forum where issues are debatable and debated and where we should challenge others to challenge us. In these days where the big word "Democracy" is in everybody's mind and mouth, I think making academia more democratic and research more ethical is a good starter in the view of the pressing challenges the Earth and Man are facing together.


External links:




Galleni L. and Scalfari F. (2005). Teilhard de Chardin’s Engagement with the Relationship between Science and Theology in Light of Discussions about Environmental Ethics. Ecotheology, 10(2), pp. 196-214.

Nasr S.H. (1997). Man and nature. Chicago: ABC International Group, Inc.

Postman N. (1993). Technopoly: the Surrender of Culture to Technology. New York: Vintage Books.

Velasco J.M. (2007). Introducción a la fenomenología de la religión (Estructuras y Procesos, Religión). 7th edn. Madrid: Editorial Trotta, S.A.

viernes, 8 de febrero de 2019

Ética e integridad en la gestión del agua

El pasado 7 de febrero intervino en los Seminarios Sobre Ética Ambiental el consultor Dr. Francesc Bellaubi con la conferencia "Ética e integridad en la gestión del agua", en la cual presentó dos casos reales de África y Sudamérica.

El ponente comenzó analizando las principales causas que propugnan la corrupción en los distintos actores sociales que participan en un proyecto o en la gestión de un servicio, utilizando para ello uno de sus trabajos realizados en África. Entre ellas, la más obvia es la búsqueda de un lucro ilícito, aunque hay otras, como la desigual distribución de recursos o servicios (entre ellos, el propio abastecimiento de agua), la cual propugna el deseo de acumulación o aprovechamiento excesivos del mismo cuando se tiene oportunidad de acceso a él. Otro de los factores es el nepotismo instalado tanto en el sector público como en el privado y, por último, la propia "cultura" establecida en algunos países o regiones, por la que las personas están habituadas a cometer actos ilegales en su día a día que les permiten ahorrarse costes, impuestos o conseguir un beneficio que de otra forma no conseguirían.

Bellaubi mostró ejemplos en los que se estudiaba la integridad en la gestión de recursos/servicios como función de tres factores: Transparencia, rendición de cuentas (Accountability) y Participación Pública (agrupados en las sigas TAP). Se trata de elementos o principios que pueden ayudar a entender qué partes de un sistema son más vulnerables a la corrupción. Teniendo en cuenta estos elementos, se pueden estudiar las relaciones entre los distintos actores sociales (gobierno, usuarios, reguladores, proveedores...) y elaborar un mapa de riesgos de integridad, mediante el que se analizan las transacciones, provisión de servicios, mecanismos de coordinación entre actores, etc.

Posteriormente, se ponderan cuantitativamente puntos clave como la Eficiencia Técnica, Eficiencia Financiera, Eficiencia en la Gestión, Acceso a la Información, etc.; con objeto de identificar las relaciones entre agentes donde se detecta un mayor riesgo de pérdida de integridad. En otras palabras, mayor riesgo de corrupción.

En este punto, se pueden realizar propuestas que minimicen el mencionado riesgo, como por ejemplo: Acciones Colectivas (TAP), Iniciativas de la Sociedad Civil, Plataformas de Aprendizaje, etc.

En la segunda parte de la ponencia, Bellaubi presentó un caso real acontecido en Bolivia para analizar puntos clave para la ética ambiental. Por ejemplo, los conflictos que se producen cuando desde las administraciones se gestiona el agua vista como 'mero recurso' desde una perspectiva tecnocéntrica, frente a una población que desde una visión ecocéntrica considera que el agua tiene un valor intrínseco, que procede de la Pachamama. A este respecto, el ponente resaltó la importancia de la toma de decisiones por consenso, y no por mayorías, en temas tan delicados como el acceso al agua entendido como derecho universal.

Finalmente, el invitado reflexionó sobre los modelos multi-agentes utilizados en muchos procesos de toma de decisiones, como en los casos presentados. En su opinión, estos modelos son útiles desde un punto de vista analítico, pero no se puede esperar que provean una solución por sí mismos. A su juicio, detrás de las decisiones siempre hay valores de fondo, los cuales se deben considerar y sobre los que se debe dialogar para llegar a acuerdos comunes. En suma, según su punto de vista, en dilemas o conflictos como los presentados, la clave está en los valores, más que en los números.

domingo, 2 de diciembre de 2018


El pasado martes 27 de noviembre participó en los Seminarios Sobre Ética Ambiental la profesora Gala Arias, con la conferencia "Sostenibilidad como materia trasversal en la docencia universitaria: enfoques posibles". Su intervención estuvo dividida en tres bloques. La ponente comenzó con un análisis crítico de la situación actual, repasando los factores que influyen en el bajo nivel de sostenibilidad en la docencia universitaria. Entre ellos se puede destacar en primer lugar la falta de proyección futura de la educación superior, que supone no trabajar con el alumnado sobre futuros posibles, de forma creativa y positiva. Según Arias, los estudios recientes apuntan a que los alumnos tienen en general una visión negativa del futuro y ello les determina para aprender. En su opinión, se debería luchar contra este determinismo, algo que no es fácil cuando los programas y los propios libros de texto no incluyen esta cuestión, o lo hacen de una forma casi fantasiosa, afirmando que la tecnología solucionará prácticamente todos los problemas.

El segundo factor es lo que la ponente denomina “las aulas burbuja o la negación de la realidad”, para describir una situación según la cual se separa a los estudiantes del territorio. ¿Y cómo proteger algo que no vemos? Si no conocen el entorno, los alumnos no serán conscientes de su deterioro. Por otra parte, tampoco se trabaja lo suficiente la conciencia crítica del alumnado, de forma que puedan interpretar adecuadamente los problemas ambientales de nuestros días.

El tercer factor tiene que ver con la herencia de Bolonia y el enfoque profesionalista que según algunos autores ha supuesto dicha reforma. Según comentó, se ha exigido a la universidad adaptarse al mercado capitalista, se ha buscado que la universidad prepare profesionales para llenar los huecos del mundo profesional: desaparición de titulaciones, amenaza a otras, reestructuración de licenciaturas en grados y másters… Indicó que también ha sucedido parecido en el marco de la investigación, desarrollándose así el concepto de ‘capitalismo académico’: el rendimiento académico se mide en función del éxito y aplicabilidad industrial o profesional, y según sus beneficios para quienes las patrocinan. Sin embargo, a su juicio, estas cuestiones pueden alejar a la universidad de su función social, como institución mejoradora de la sociedad. La universidad no puede convertirse en una fábrica de empleados que genera recursos humanos a demanda de la empresa, demandas que se encuentran en perpetuo cambio y que, por tanto, nunca podría suplir completamente. A su vez, esas demandas muchas veces no coinciden con las necesidades de la sociedad. Esta ‘profesionalización’ impide que los contenidos sobre sostenibilidad permeen de manera efectiva en el currículo universitario.

Otro factor, ya mencionado parcialmente, es la rigidez del programa, pues el currículo presta poca atención a la sostenibilidad y el profesor no alcanza para compensarlo, entre otras cosas por la gran carga de trabajo que tienen los docentes.

Finalmente, se encuentra el discurso oficial de la ciencia y las instituciones. Según la ponente, durante mucho tiempo se ha negado la realidad sobre la gravedad de los problemas actuales. Ello conlleva que un obstáculo que encuentra el docente es la resistencia del alumnado a aceptar un discurso más cercano a la sostenibilidad. ¿Cómo convencer al alumno de una idea cuando la sociedad le dice lo contrario?

Todos estos factores llenan a los docentes de una carga de responsabilidad tremenda. Frente a este gran peso que recae sobre el profesorado, a juicio de la ponente, es importante ser consciente de las propias limitaciones.

En el siguiente bloque, la profesora Arias presentó listados de temáticas potenciales con propuestas para mejorar la situación actual, en base a autores como: Fernández Sánchez (1995); Sancho, Vilches y Gil (2010); Herrero, Cembranos y Pascual (2011).

La tercera parte de la sesión se centró en los enfoques posibles para conseguir una mayor incorporación de la sostenibilidad en la docencia universitaria. Sin embargo, independientemente de los enfoques, el primer punto a tener en cuenta, según la profesora, es la defensa de la transversalidad. A su juicio, en este sentido aún queda mucho espacio para mejorar porque la universidad domina la enseñanza unidisciplinaria y en muchas disciplinas no se incluye ningún contenido sobre sostenibilidad. La transversalidad, a su vez, permitiría llegar a un mayor número de alumnos.

Todas las herramientas dirigidas a lograr una mayor transversalidad e incorporación de la sostenibilidad en la docencia universitaria, según expuso, se pueden abordar a partir de dos enfoques principales (complementarios entre sí) que son el enfoque dirigido a los problemas y el dirigido a las soluciones. En realidad son un primer y un segundo paso, respectivamente, en el proceso de ambientalización curricular.

El enfoque a los problemas significa utilizar las estrategias didácticas para tratar problemas de índole ambiental. En primer lugar, para informar de los problemas ambientales. En segundo lugar, puede desarrollar actividades dedicadas a la exploración de los orígenes y las causas de los problemas. Hay que tener en cuenta que este enfoque, según la ponente, tiene un problema: centrarse excesivamente en lo negativo y que el alumno, en lugar de concienciarse, se inmunice frente al bombardeo de problemas ambientales.

El enfoque dirigido a las soluciones, además de ser el siguiente paso al anterior, representa otra alternativa, puesto que se centra en potenciar la imaginación y creatividad para solucionar los problemas. El objetivo es formar a los alumnos para que encuentren soluciones a los problemas ambientales o al menos desarrollen las habilidades necesarias para enfrentar dichos problemas. En opinión de la ponente, este enfoque es el más necesario en el momento actual.

Por último, las competencias en el Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) pueden ser también una puerta de entrada de la sostenibilidad. No se trata de simplemente “sumar” una competencia más relacionada con la sostenibilidad, pero puede ser de gran utilidad para incorporar esta perspectiva en el aprendizaje basado en competencias que debe promoverse. No obstante, se trata ésta de una cuestión polémica: mientras muchos lo consideran una amenaza a libertad de cátedra, hay autores que creen que es una de las mejores vías para incorporar la sostenibilidad en la docencia. Según la ponente, se podrían destacar cuatro competencias transversales para la sostenibilidad: 1) Conciencia crítica; 2) Uso sostenible de recursos y prevención de impactos; 3) Participación en procesos comunitarios que promuevan la sostenibilidad; 4) Aplicación de principios éticos relacionados con la sostenibilidad en los comportamientos personales y profesionales. 

lunes, 5 de noviembre de 2018


Durante el mes de septiembre de 2018 el personal de la cátedra realizó diversas actividades académicas en la Universidad Federal de Ceará (Fortaleza, Brasil), con motivo de una colaboración para actividades de investigación y docencia entre dicho centro y esta cátedra de ética ambiental junto con el Departamento de Geografía de la Universidad de Alcalá, iniciada en 2016 y que hasta el momento ha dado lugar a varios intercambios de investigación y publicaciones conjuntas.

Entre otras actividades de docencia y divulgación ambiental, el día 4 de septiembre en el auditorio del Departamento de Geografía de la UFC, el investigador de la cátedra Mario Burgui presentó la conferencia titulada “Participación ciudadana en la gestión y conservación de geosistemas fluviales”. En ella, en primer lugar el ponente presentó la Cátedra de Ética Ambiental “Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno - Universidad de Alcalá”, junto con sus principales actividades de docencia e investigación. Posteriormente, se discutió la importancia de los ecosistemas fluviales y su conservación, apuntando para lograrlo algunas formas de ampliar la participación ciudadana de una forma más inclusiva y equitativa.

El viernes 21 de septiembre, el director de la cátedra Emilio Chuvieco impartió una conferencia para alumnos de máster y doctorado del Dpto. de Geografía de la UFC en la que presentó la Cátedra de Ética Ambiental “Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno - Universidad de Alcalá”, así como las actividades de investigación que se realizan en el Departamento de Geología, Geografía y Medio Ambiente de la Universidad de Alcalá, y específicamente en el Grupo de Investigación de Teledetección Ambiental (GITA) que el profesor Chuvieco dirige.

Posteriormente, el lunes 24 de septiembre, Emilio Chuvieco impartió en el auditorio del Departamento de Geografía la conferencia “Teledetección Ambiental y Cambio Climático: ¿qué sabemos y qué hacemos?”, en la que presentó las tendencias actuales y últimos datos sobre el cambio global que se está experimentando, concretamente en lo que respecta al clima, y seguidamente analizó las razones para actuar desde el punto de vista ético y qué acciones se pueden tomar desde los distintos niveles de responsabilidad para reducir los efectos negativos previstos.

Entre los días 26 y 29 de septiembre, el personal de la cátedra de ética ambiental participó en el VI Congresso Brasileiro de Educação Ambiental Aplicada e Gestão Territorial. En la mañana del jueves día 27, el profesor Chuvieco impartió la conferencia magistral “Ecopedagogia e Ética Ambiental na Educação Formal e Informal”. En ella, el director de la cátedra analizó la correspondencia entre la educación ambiental recibida, la predisposición a actuar en consecuencia y las prácticas pro-ambientales reales. El profesor Chuvieco repasó algunas de las causas del poco compromiso ambiental de los jóvenes, según los resultados obtenidos en recientes estudios realizados, así como las posibles estrategias para mejorar la educación ambiental y promover el cambio de hábitos hacia la sostenibilidad.

En la tarde del mismo día, Mario Burgui participó en la mesa redonda “Conflitos Socioambientais e Populações Tradicionais”, con la conferencia “Conflitos socioambientais: conceito e casos reais”, en la que presentó algunas definiciones y clasificaciones de los conflictos ambientales, para posteriormente analizar varios casos reales acontecidos en España, utilizando el método de análisis ético de dilemas ambientales incluido en el libro “Dimensiones éticas en los conflictos ambientales: estudio de casos”, publicado por la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno y Ediciones Internacionales Universitarias en 2017.

miércoles, 11 de julio de 2018


DÍA 1 (27/06/2018)

La edición 2018 del curso de verano sobre ética ambiental tuvo lugar por segundo año consecutivo en Ávila 1.131 Observatorio Activo, sede de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno en Ávila.

La inauguración del curso corrió a cargo del director de la cátedra, el profesor Emilio Chuvieco, quien expuso los principales objetivos del curso de verano, el esquema a seguir y el horario de las sesiones. Así mismo, presentó a los ponentes que participarían en esta edición del curso y los temas que tratarían.

La primera sesión del curso llevaba por título “Dimensiones psicológicas de la sostenibilidad. Barreras y resistencias psicosociales a la proambientalidad” y fue presentada por el catedrático de psicología D. José Antonio Corraliza. En su intervención, Corraliza comenzó con una introducción sobre los fundamentos de la psicología ambiental, para pasar posteriormente a analizar las dimensiones del consumo sostenible, entendido como comportamiento pro-ambiental. 
Acto seguido, analizó el discurso sobre la implicación social en la pro-ambientalidad a través del caso del reciclaje y del caso del cambio climático. A continuación, el ponente presentó una síntesis de las estrategias más importantes para promover la pro-ambientalidad. En la segunda parte de su intervención, Corraliza analizó las principales barreras que impiden el cambio de hábitos hacia un consumo más sostenible, para finalmente pasar a proponer distintas líneas de trabajo en este sentido.

A continuación, la profesora Carmen Valor (Universidad Pontificia de Comillas/ICAI-ICADE) presentó la ponencia “Dimensiones económicas de la sostenibilidad”, en la cual realizó una aproximación a los factores económicos que afectan a la sostenibilidad desde el nivel macro al nivel micro, para pasar posteriormente a analizar las posibles soluciones y cambios en el modelo económico que nos permitan redirigirlo hacia la sostenibilidad.

Como soluciones dentro del modelo socioeconómico, Valor destacó los productos certificados, el surtido sostenible, la educación para la sostenibilidad, la mejora de la información que se da sobre los productos y la economía circular. Como alternativas, la ponente analizó las B-corps, los modelos de negocio sociales/sostenibles, así como las plataformas de intercambio y reutilización de productos y servicios.

Tras el almuerzo intervino el director de la cátedra, Emilio Chuvieco, con la ponencia “Dimensiones ambientales de la sostenibilidad”. Chuvieco partió del análisis de las distintas facetas de la sostenibilidad, a través de una pregunta tan abierta como "¿qué es ser sostenible?", para mostrar cómo a veces las distintas dimensiones del desarrollo sostenible experimentan conflictos entre ellas que afectan a la comprensión y compromiso activo de la ciudadanía. Destacó a continuación la importancia ambiental del consumo, donde todos los sectores socioeconómicos se ven involucrados, pero sobre todo el ciudadano a nivel individual. El profesor Chuvieco repasó a continuación algunos indicadores ambientales relacionados con el consumo, como la huella hídrica, la huella de carbono o la huella ecológica. Finalmente, la última parte de la exposición se centró en ejemplos para reducir la huella ambiental, como los sistemas de información sobre la huella ambiental mediante certificaciones o los sistemas de acreditación ambiental.

Seguidamente intervino Julia López Varela, con una introducción al “Design Thinking como metodología activa para la resolución de problemas”, metodología que está revolucionando la forma de trabajar en las organizaciones. Se trata de un método centrado en lograr soluciones humanamente deseables, técnicamente factibles y económicamente viables.

Tras la introducción y la explicación de cómo serían las etapas de trabajo práctico en las sesiones siguientes, se formaron los grupos para abordar los retos relacionados con el consumo sostenible y, ya al caer la tarde, disfrutamos de una visita guiada que comenzó por la catedral de Ávila, continuando con las muestras más interesantes del rico patrimonio monumental de la ciudad.

DÍA 2 (28/06/2018)

El segundo día del curso comenzó con la ideación de los retos genéricos por parte de cada grupo, para lo cual se establecieron una serie de reglas que ayudasen a definir mejor cada reto, seleccionando un área de oportunidad por grupo.

A continuación los equipos comenzaron la fase de investigación, en la que tuvieron que enfocarse específicamente en un tipo de investigación de diseño centrada en el usuario. Para ello, unos miembros del grupo necesitarían realizar entrevistas a distintas personas de la ciudad, al tiempo que los otros desarrollaban investigación online.

Posteriormente, en la fase de descubrimientos, los alumnos tuvieron que poner en orden la información obtenida, agruparla, crear mapas de afinidad, detectar patrones, oportunidades, etc. En esta fase, siguiendo las sugerencias de Julia López Varela, aprendieron la mejor forma de aprovechar la información obtenida, de cara a afrontar las siguientes fases de la metodología. Un aspecto característico de este método es la definición de un usuario arquetípico, aquí denominado “persona”, en contraposición a otras corrientes que definen “perfiles” de consumidores o usuarios.

En las fases de definición e ideación, los participantes tuvieron que especificar las motivaciones e insights de sus respectivos usuarios, para de esta forma poder diseñar una experiencia o producto que permitiera al usuario satisfacer dicha necesidad. En esta fase, Julia López Varela mostró las técnicas más útiles para idear de forma efectiva, como por ejemplo: lluvias de ideas, Scamper, Reverso, Crazy Eights, Random Imput, Metáforas, etc.

DÍA 3 (29/06/2018)

Ya en el tercer día por la mañana, los alumnos acometieron una de las fases clave del proceso: el prototipado. El objetivo del prototipo era responder preguntas y transmitir ideas a los usuarios. En este punto, todos los grupos tuvieron que ponerse “manos a la obra” y literalmente diseñar un prototipo con distintos materiales disponibles en el curso con idea de cumplir los cuatro objetivos básicos de esta etapa: Testar ideas, Pensar haciendo, Poner las  ideas en las manos de los usuarios, Comunicación interna y externa.

Una vez diseñados los prototipos, los distintos grupos salieron nuevamente a las calles de Ávila para conocer las opiniones de los potenciales usuarios respecto a la solución ideada por cada grupo para el reto planteado. Finalmente, tras la comida tuvo lugar la última fase del método: la validación y evaluación conjunta de las propuestas de cada grupo, seleccionándose aquellas más creativas e innovadoras.

Después de la evaluación tuvo lugar la sesión de clausura y entrega de diplomas a cargo de Teodoro Sánchez-Ávila (Presidente del Patronato de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno), Jesús Zamora Rodríguez (Director de Proyectos e Inversiones de la fundación), Álvaro Matud Juristo (Director Académico y de Relaciones Institucionales de la fundación) y Emilio Chuvieco (Director de la cátedra de ética ambiental).

viernes, 18 de mayo de 2018

Ciencia y religión para el cuidado de la casa común

El pasado jueves 17 de mayo, el profesor Emilio Chuvieco participó en el ciclo de Coloquios de Ecología Humana de la Fundación Tatiana Pérez de Guzmán el Bueno, con la conferencia “Ciencia y Religión para el Cuidado de la Casa Común”.

La presentación comenzó con un análisis de algunos conflictos históricos entre la ciencia y la religión que han podido ocasionar la visión actual, equivocada en opinión del ponente, de que la ciencia y la religión están enfrentadas, o incluso que realmente lo hayan estado a lo largo de la historia. En este sentido, el director de la cátedra recordó que muchas universidades y centros de conocimiento han sido secularmente fundados por la Iglesia, y que numerosos grandes genios de la ciencia han sido religiosos o sacerdotes. De ahí que el tópico de que todos los científicos son ateos es falso.

Según el profesor Chuvieco, una de las causas de esta confusión es que no se deslindan bien los campos correspondientes a cada una: la ciencia estudia el cómo y el qué de las cosas, y la religión el por qué y el para qué. En su opinión, ni toda la realidad es científica, ni puede explicarse sólo a través de la ciencia.

Un ejemplo es el cambio climático de origen antropogénico, que según la ciencia no hay duda de que está ocurriendo y sus causas son claramente de origen humano. Entonces, ¿por qué no tomamos las decisiones necesarias? Para tratar de explicar este punto, el ponente retomó las palabras de Aldo Leopold, según el cual "ningún cambio ético se ha podido realizar nunca sin un cambio interno en nuestros énfasis intelectuales, lealtades, afecciones y convicciones. La prueba de que la conservación no ha tocado todavía esos cimientos de la conducta reside en el hecho de que la filosofía y la religión todavía no han oído hablar de este tema. En nuestro intento por hacer de la conservación algo fácil, la hemos convertido en algo trivial".

En la misma línea, el decano de ciencias forestales de la universidad de Yale, tras décadas estudiando problemas ambientales concluía que sus causas principales eran el egoísmo, la avaricia y la apatía, y ninguna de las tres podía resolverlas la ciencia.

Pero, ¿qué pueden aportar las religiones a la conservación ambiental? Según el profesor Chuvieco, la religión ofrece una visión cosmológica de la realidad, sobre quiénes somos y cuál debe ser nuestra relación con el resto de las cosas, de los seres vivos. Por otro lado, una concepción común de las grandes religiones es que el mundo lo ha creado Dios. Si lo ha creado dios, tiene un valor intrínseco, está ahí por algo. No sólo tiene un valor instrumental para satisfacer nuestros intereses inmediatos. Por ello, a la naturaleza se la debe respeto y reverencia.

En tercer lugar, en la cosmovisión religiosa, la naturaleza es un lugar de encuentro con Dios, un lugar sagrado. Los rituales por lo general siempre se han hecho en parajes naturales alejados del mundanal ruido.

Otro aspecto muy importante es que las religiones incluyen enseñanzas en virtudes, valores espirituales, en el rechazo a las posesiones materiales, etc. Es “la donación de sí en el compromiso ecológico” del que habla el Papa Francisco en su encíclica Laudato si’. Precisamente en este documento el Sumo Pontífice apunta también cómo muchos cristianos han estado viviendo de espaldas a la naturaleza, sin preocuparse por la conservación ambiental, incluso burlándose del tema.

Pero Franciso indica claramente que cuidar la Creación es parte esencial de una existencia virtuosa, no es algo opcional en la vida de un cristiano. Para superar estos obstáculos, el profesor Chuvieco propone tres líneas de actuación principales: Impulsar la reflexión sobre las implicaciones ambientales del cristianismo, mejorar la formación ambiental de los líderes religiosos, y promover la cooperación con otras tradiciones religiosas en iniciativas ambientales; todo ello desde la experiencia de los beneficios que ha mostrado el diálogo entre ciencia y religión a lo largo de las últimas décadas.